jueves, 5 de mayo de 2016

SE SENTÍA DERROTADO Y SIN GANAS DE VIVIR.


  José María me visitó y me dijo que se sentía totalmente derrotado y sin ganas de vivir. Durante toda su vida, desde muy joven, se había dedicado al comercio, luchando con fe, voluntad y entusiasmo. Sin embargo, de la noche a la mañana, todo comenzó a cambiarle en forma adversa. Me manifestó que nunca había creído en brujerías ni empavamientos, pero ahora no sabía en que pensar. Le habían diagnosticado una enfermedad incurable; su esposa lo había abandonado, llevándose sus dos hijos y se encontraba en la ruina. Le dije: ¨Bueno, acepta lo peor, lo inevitable, ¿comprendes?¨ ¨Sí, respondió, ya lo he aceptado, pero he venido donde usted porque deseaba contarle a alguien mis sufrimientos, a fin de que me diera un aliento para soportar mi fatal destino¨.

Le recomendé que decidiera, a partir de su aceptación de lo peor, vivir lo que le quedara de vida teniendo paz, tranquilidad y serenidad. Le indiqué cómo relajarse y meditar positivamente. Salió de mi oficina más confortado. No supe más de José María, y un día, varios años después, lo encontré en la calle. Se veía saludable, optimista. Me dijo que quería visitarme para darme las gracias por mis orientaciones. Que había hecho lo que le sugerí, y en vez de sentirse más grave, cada día se ponía mejor. Se había casado nuevamente y había establecido un nuevo negocio. Convirtió su fracaso en triunfo.
La buena suerte hay que hacerla, construirla día a día, las oportunidades hay que crearlas y saber aprovecharlas.
José Farid H.
José Farid H.

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