domingo, 22 de mayo de 2016

EL S.LEON.DA VINCI.CAP.56


LVI
  En los auriculares suena In my secret life, Leonardo Cohen cantaba acompañado de Sharon Robinson. Con una voz femenina a su lado era como más le gustaba escuchar las canciones de este viejo judío..., y los pensamientos en la soledad de una nueva noche buscan, una vez más, cómo pudo ser aquel encuentro.
La deformación profesional lleva a Umberto a perderse por la extensa biografía de Lucrecia de Borgia y Leonardo Da Vinci. Está casi convencido de que había sido en Nepi, con la llegada de la primavera de aquel 1501. Leonardo a punto de cumplir los cuarenta y nueve años y Lucrecia veintiuno. Los dos habían nacido un mes de abril. Él ya era una persona con gran prestigio, sobre todo como ingeniero militar, en un momento como el Renacimiento italiano, donde la política de fuerza se aplicaba de forma despiadada.
Pero seguro que a los ojos de ella pesaban más sus increíbles dotes para el mundo del arte, como la música. Leonardo fabricó una lira en plata representando la cabeza de un caballo con la que impresionó a Lorenzo de Medicis; Vasari escribía: Tenía treinta años y era único en el arte de tocar ese instrumento¨. ¿Y que decir de la pintura? Ya había visto la luz La Anunciación, La Adoración de los Magos, La Virgen de las Rocas, o La Santa Cena.
Ella debía estar impresionada, sola en el castillo, sin tantas damas de compañía. Los vestidos por fin sencillos, sin redecillas de finos hilos de oro en el pelo, sin la presencia de su padre, nada menos que el Papa, ni de su hermano. Sin nadie de peso y poder que interfiriera en la comunicación entre ambos. Libres, ella bella y joven, él ya mayor; pero capaz de ver lo que pocos, un ser especial con una sensibilidad más desarrollada que cualquier persona que Lucrecia hubiese conocido hasta ese momento, un genio que ya no tenía lo que ella, juventud. Mientras Leonardo veía un halo especial que hasta ese momento no había encontrado en una mujer. ¿Quién más capacitado que él para captarlo? Debió sentir que algo se movía en su interior, no le había pasado antes o no creía que le volviera a pasar, y menos con una mujer, y a su edad, Duda.
Dos seres especiales hablando, comunicándose, caminando juntos por las almenas del castillo. Leonardo siempre observando el paisaje, los detalles, a ella, al aire que la envuelve, del que pensaba que podía cambiar el color y el volumen de los objetos, de las personas. Buscaba, lo analizaba todo, esa aura en torno a Lucrecia, lo expresa en el óleo aplicando otra innovación suya.
¨El sfumato¨ .
¨Recordaría cuando estuvieron el uno frente al otro, cómo se notó flotar, se sentiría más ligero, esa evocación sería como la de un sueño¨.
Ahora es Umberto el que sueña con los ojos abiertos.
¨Seguro que en un momento determinado Leonardo le pidió que se sentara, que posara, un breve apunte. Llevaba siempre dos cuadernos, uno para el desarrollo de sus ingenios bélicos, dobles peleas..., inventos..., Arquímedes siempre en el fondo de sus pensamientos, un genio admirando a otro genio de 1700 años atrás. Un mundo interior donde todo eran preguntas... Y el otro cuaderno para recoger los paisajes por donde pasaba, con los detalles que le interesaban. Mapas con sus montes, valles, ríos y puentes. Allí anotaba lo que él consideraba la base de todo; tierra, aire, agua. Y en ese cuaderno hizo un esbozo de Lucrecia como los que él hacía. Escribía en cualquier lateral, muchas veces al revés. Anotaba cada uno de los pequeños detalles para más tarde utilizarlos en sus pinturas, a las que él no daba gran importancia, con frecuencia las dejaba inacabadas. Pero también necesitaba dinero y debía aceptar encargos. Se implicaba con frecuencia en la medida en que podía experimentar con nuevas ideas acerca de las perspectivas, de los materiales a utilizar. Sin embargo, cuando fijaba su mente en la búsqueda de alguna explicación a las innumerables cuestiones que siempre le rodeaban..., atender las obligaciones de esos encargos se le hacía difícil. La pintura y el dibujo solo eran un medio como cualquier otro que, en un momento determinado, necesitaba utilizar¨.
Umberto sigue pensando que un aire nuevo debió correr por los muros y almenas de aquella fortaleza donde Lucrecia se había recluido después del asesinato de su segundo esposo, Alfonso de Aragón, y la seguridad de que hubiese sido por orden de su hermano César acrecentaba su pena. Ella amaba a su esposo, no se apartaba de él para poder protegerlo, con ella delante era posible que no se atreviera, pero también de eso dudaba. Como media Roma, tenía la sospecha de que César estaba detrás del asesinato de otro de sus hermanos, Juan Borgia, tres años antes. César era capaz de todo. Lucrecia salió en su busca para hablar, para rogarle por la vida de su esposo, y aprovecharon esa ausencia para asesinarlo.
César no se lo pensaba dos veces, estaba celoso de Alfonso, un hombre educado. Quedó impresionado por su figura desde que le conoció, mientras que en él cada vez se veían más las huellas que iba dejando la sífilis en su físico.
¿Estaba enamorado César Borgia de su hermana Lucrecia como nos hace creer toda la leyenda y literatura posterior? Umberto piensa que César solo se quería a sí mismo, no quería a nadie que le hiciese sombra. Era capaz de todo por el poder, como tantos. Solo hay que mirar alrededor, a los políticos de hoy en día. El hombre no ha cambiado tanto, y los que ambicionan el poder..., menos.
Rodrigo Borgia, o lo que es igual, el Papa Alejandro VI , utilizó a su familia, a sus hijos, para mantener y acrecentar sus dominios. Con Lucrecia consiguió alianzas políticas a través de sus matrimonios. A César lo nombró Capitán General del Vaticano y acertó, dio rienda suelta a su espíritu militar invadiendo y anexionando territorios al estado; Forli, Faenza, Imola, Pesaro, el ducado de Urbino. Entró triunfante en las ciudades que conquistó, fue aclamado, querido, admirado como político, como administrador. Adquirió fama de hombre justo, modelo para Nicolás Maquiavelo, que lo conoció y se inspiró en su figura para escribir El Príncipe.
Salvo su final, triunfó en todo lo que se propuso. Unificó los pequeños estados de la Italia central en el Gran Ducado de la Romaña.
El Papa reforzó el Estado Pontificio, estaba orgulloso de su hijo, y ante ese vendaval de constantes éxitos Lucrecia solo podía acompañar. ¿Quién se atrevería a decir ¨no¨? ¿Fue un ser débil? Al menos no tan fuerte como su hermano y su padre.
Hay que tener en cuenta que con veinte años ella había tenido dos maridos por decisión de su progenitor y, después, estaba la leyenda que corrió como la pólvora por toda Roma provocada por Giovanni Sforza, su primer marido, con el que se casó cuando ella tenía solo trece años y del que su padre la obligó a separarse. Llevaban más de tres años de matrimonio y reclamaron su nulidad porque no se había consumado -impotencia coeundi-.
Giovanni Sforza reaccionó proclamando a los cuatro vientos el incesto de su esposa Lucrecia y, al pueblo, ya se sabe que le falta tiempo para recoger esta clase de habladurías. Aunque en honor a la verdad, a Giovanni Sforza no se le puede achacar del todo la culpabilidad del bulo, fue más bien un equívoco, pero que le vino como anillo al dedo. Lucrecia hizo llegar a su primer esposo la información de que César planeaba asesinarle. Después de pensárselo mucho, Giovanni Sforza se dirigió al despacho de César para hablar con él, y lo que se encontró fue a los hermanos César y Juan Borgia discutiendo. Se escondió y escuchó la conversación, se estaban acusando mutuamente de incestuosos. Nada mejor para defenderse de la acusación de su falta de virilidad, de su impotencia u, de camino, poner al pueblo en contra de los que le atacaban. Pero la realidad era que tanto César como Juan Borgia, los dos, con quien mantenía relaciones en secreto y sin enterarse hasta aquel momento era con la esposa de su otro hermano, Jofré Borgia. Así se lo hizo saber la protagonista de esas relaciones extramatrimoniales, Sancha de Aragón, al segundo esposo de Lucrecia, Alfonso de Aragón, un día antes de la boda de este. Se lo dijo para que se quedara tranquilo respecto a todas aquellas habladurías que circulaban sobre su futura esposa. También lo hizo porque al que se lo estaba confesando era su hermano.
Umberto, a pesar de ser profesor de Historia, todo esto lo sume en un laberinto de datos que termina distrayéndole de lo que busca, y es que la historia, depende de quien la escriba, puede ser una u otra bien distinta. Él sabe mejor que pocos que los gobernantes hacen que estos libros que recogen el pasado de los países estén más llenos de mentiras que de verdades. Por lo general, con el paso de los años son medias verdades acordadas, siempre enrevesadas para explicar lo inexplicable. Y la realidad, no las historias inventadas, es que cuando Lucrecia Borgia se marcha a Ferrara para casarse por tercera vez con solo veintiún años, lejos del poder de su padre, que poco tiempo después moriría, aparece una mujer amante del teatro; mecenas de pintores como Tiziano; habla y escribe perfectamente francés, italiano, latín, griego y español. Es una hábil administradora y su corte es una referencia para toda Europa.
El padre y el hermano se comportaron como todos los gobernantes de la época, además con éxito, ya que derrotaron e hicieron desaparecer a gran parte de la nobleza que oprimía al pueblo, ampliaron los dominios centralizándolos en Roma, y pusieron los primeros pilares para la formación de la actual Italia.
¿Qué era lo que buscaba Umberto? -conscientemente, corroborar las palabras de su hijo; ¨Lucrecia Borgia es la Gioconda¨. Pero, inconscientemente, los otros comentarios del pequeño Di Rossi habían prendido también ; ¨Le transmitía nuevas sensaciones¨.
¨¿La única mujer de la que se pudo enamorar Leonardo da Vinci? Es muy posible, ella fue el máximo exponente femenino del Renacimiento¨.
Para Leonardo no era una modelo cualquiera, no, ¨¡cómo captó su aura!¨.
¨¡El aura, el sfumato! ¡Maldita sea! ¡Estaba ante la mujer más deseada de la época y Paolo se ha dado cuenta!¨.
¨El puñetero¨, pensó Umberto.
Una vez más se había dado cuenta de la esencia de las cosas, en este caso, de la particularidad de la relación entre la modelo y el pintor, sin conocer su biografía ni su historia. Eso era lo que necesitaba captar él, pero también sabía que eso, fuera lo que fuese, se tiene o no se tiene, se nace con ello, no te lo enseñan en ningún sitio, y sabe que él no tiene ese sexto sentido. Así que necesitaba algo físico y tangible que le pruebe que existió el encuentro.
¨¿Qué pudo significar para Leonardo, a sus cuarenta y nueve años, una presencia como la de Lucrecia aún con veinte?¨ .
¨¿Dudó en ese momento sobre su condición y tendencia sexual que había tenido clara durante toda su vida?¨.
La cabeza de Umberto no para. Está documentado que el 18 de abril de 1476 se presentó denuncia por sodomía consumada del joven de diecisiete años Jacopo Saltarelli. En la Florencia de la época, la homosexualidad era tolerada, pero un asalto de estas características estaba penado con la muerte en la hoguera. Junto con Leonardo da Vinci, que acababa de cumplir veinticuatro años tres días antes, fueron imputados otros dos jóvenes más, Bartolommeo di Pasquino y Leonardo Tornabuoni, y fue la implicación de este último y su relación familiar con los Médicis lo que jugó a favor del grupo, y a que el 7 de junio de aquel año se archivara la denuncia y los imputados fueran absueltos.
Fuera como fuese, es el mismo Francesco Melzi, su discípulo, el que le acompaña de por vida desde que lo conoce en 1506 con quince años, su principal heredero, quien escribió que los sentimientos de Leonardo hacia él eran ¨amorosos y apasionados¨.
¨1506. Se da por cierto que La Gioconda está pintada entre 1503 y 1506, dicen los expertos que como mínimo tardó tres años en pintar el cuadro. Hasta esa fecha, Leonardo tuvo una relación con su discípulo, Gian Giacomo Caproti, al que llamaba Salai o Salaino -diablillo-, lo describe como ¨ladrón, embustero, obstinado, glotón¨ y, a pesar de ello, es condescendiente siempre con él. Entró a sus servicios con solo diez años, en 1490, por lo tanto era de la misma edad que Lucrecia. Esto es importante. Pero aquel joven lo que reunía eran los cánones de belleza masculina ideales de la época, y así lo apreció Leonardo. Es el modelo que le sirve para pintar a San Juan Bautista, y en 1506, o sea, cuando Salai tiene veintiséis años, entra otra persona en su relación, Melzi, de quince años. Los celos por parte de Salai debieron ser tremendos. Pero ¿qué ocurre? ¿Su joven diablillo ya no le llena? ¿O tiene unas dudas que busca deshacer con Melzi? ¿Cuáles eran esas dudas? ¿Que seguía recordando a Lucrecia?¨ .
Umberto vuelve sobre sus pensamientos: ¨1506. Se da por cierto que La Gioconda está pintada entre 1503 y 1506, dicen los expertos que como mínimo tardó tres años en pintar el cuadro... Efectivamente, la técnica que utilizaba era muy lenta, por capas, había que esperar a que secase cada una para poder continuar; pero entonces..., aquí hay un fallo. Los expertos de la Universidad de Heidelberg dicen que encontraron la anotación de Agostino Vespucci sobre el cuadro, y la sitúan... en octubre de 1503. ¡¿Cómo, si lo acababa de comenzar a pintar?! ¡Hasta 1506 como mínimo no estaría terminado!¨.
Umberto está concentrado pensando. Solo hay dos posibilidades, o bien existió otro cuadro que retratara realmente a Lisa Gherardini, o el cuadro se comenzó a pintar antes. Si fue a continuación del encuentro en 1501, lo más lógico, para 1503 sí estaría muy avanzado, lo suficiente como para que Agostino Vespucci se hiciera eco de ello. Pero si es así, ¿por qué se consulta la verdadera identidad de Lucrecia?
Una sonrisa se dibuja en el rostro de Umberto, conoce un poderoso motivo. El Papa Alejandro VI fallece unos meses antes, concretamente en agosto de 1503, y muere envenenado. También en septiembre es encarcelado César Borgia en el castillo de Sant Angelo por Pío III...
¨¿Actuaba a las órdenes del enemigo de los Borgia?¨ .
...que a su vez muere sospechosamente a los veintitrés días de su designación como Papa.
¨¡Julio II! ¡Esto es obra de Julio II!¨ .
Para Umberto está claro, Los Papas eran más que jefes de Estado, con todo el poder sobre el cuerpo y el alma de los seres humanos que habitaban sobre la tierra.
¨Eran verdaderos déspotas, como todos los gobernantes de la época; pero, además, este, un asesino. ¡¿El Papa, Julio II, un asesino en serie?!¨.
Umberto busca en Wikipedia. ¨Aquí está: ¨...el cónclave reunido en 1503 para elegir al sucesor del Papa Alejandro VI estaba dividido entre dos candidatos; el cardenal Georges d´Amboise, apoyado por César Borgia, y el cardenal Giuliano Della Rovere, el futuro Papa Julio II . Para evitar que las discusiones se prolongara se decidió un candidato de compromiso que resultó ser Todeschini, quien adoptó el nombre de Pío III en honor a su tío¨.
Más abajo ve la fecha del fallecimiento: 18 de octubre de 1503, a los veintitrés días de su designación como Papa, posiblemente envenenado.
Umberto está alterado.
¨¡Detrás de todo esto está Julio II, era sobrino del Papa Sixto IV, al igual que Alejandro VI, que era el sobrino del Papa Calixto III! Aquí también hay una lucha más que personal, ¡es un enfrentamiento de castas, de familias!¨.
Umberto anota la lista de Papas de la época y lo ve claro:
Desde
Hasta
Papa
Nombre propio
Lugar nacimiento
1455
1458
Calixto III *
Alfonso de Borja(Borgia)
Canals (España)
1458
1464
Pío II
Eneas Silvio Piccolomini
Siena
1464
1471
Pablo II
Pedro Barbo
Venecia
1471
1484
Sixto IV
Francisco Della Rovere
Savona
1484
1492
Inocencio VIII
Juan Bautista Cibo
Génova
1492
1503
Alejandro VI *
Rodrigo de Borja (Borgia)
Xátiva (España)
1503
1503
Pío III
Francesco Todeschini Piccolomini
Siena
1503
1513
Julio II
Giuliano Della Rovere
Savona
1513
1521
León X
Giovanni di Lorenzo de Medici
Florencia
Marca con un asterisco a la familia Borgia, procedentes del Reino de Valencia, España; y con una mano a la familia Della Rovere, procedentes de Savona.
Después, teclea ¨Julio II¨ en Wikipedia:
¨Ascenso al poder: Della Rovere tenía un gran rival en el seno del colegio cardenalicio, el cardenal Rodrigo Borgia, más tarde Papa Alejandro VI (1492-1503) a la muerte de Inocencio VIII¨.
¨El enfrentamiento viene de lejos¨. Continúa leyendo:
¨Della Rovere, que también aspiraba a ser Papa, acusa a Borgia de haber sido elegido mediante simonía y gracias a un acuerdo secreto con el cardenal Ascanio Sforza. Tras esta disputa, se refugia de la ira de Alejandro VI en Ostia y meses más tarde marcha a París, donde incita al rey Carlos VIII (1483-98) a intentar la conquista de Nápoles. Acompañando al joven rey en su campaña militar, entra con él en Roma y trata de convocar un concilio que investigue las acciones del Papa Alejandro VI y, eventualmente, lo deponga. Sin embargo, el Papa Alejandro se había ganado el favor de un ministro del rey francés, Briconnet, al ofrecerle la dignidad de cardenal, con lo que consigue detener las maquinaciones de su enemigo¨.
Más adelante:
¨Alejandro VI muere en 1503..., se especula que pudo ser envenenado. Su hijo César Borgia, también cae enfermo por esas fechas. El cardenal Piccolomini de Siena es consagrado como nuevo Papa bajo el nombre de Pío III, aunque Della Rovere no apoya esta candidatura. De cualquier forma, el anciano Piccolomini fallece poco después¨.
¨Aquí está, el 18 de octubre de 1503¨; ¨Della Rovere es elegido Papa bajo el nombre de Julio II el 31 de octubre de 1503 en el cónclave más breve de la historia, de tan solo unas pocas horas de duración. Obtuvo 35 de los 38 votos posibles, incluidos los de los 11 cardenales españoles¨.
Umberto subraya la fecha y el importante detalle de que se trata del cónclave más breve que jamás se haya producido.
¨Del 18 de octubre al 31 que es elegido hasta por los cardenales españoles, trece días de terror que se debió de extender por toda la sociedad de la época. ¡Dios, octubre de 1503! ¡La misma fecha que los expertos alemanes de la Universidad de Heidelberg dicen que anota Vespucci que la protagonista del cuadro es Lisa Gherardini!¨.
Umberto no puede evitar pensar que la coincidencia de fechas es más que sospechosa. En ese momento, el apellido Borgia esta perseguido por Julio II, que tras muchos años intentándolo por fin había llegado al poder.
¨El cónclave más breve de la historia, ¡cómo lo debían de temer todos! Mandó clausurar los Apartamentos Borgia, ricamente decorados por Pinturicchio, permanecieron cerrados más de cuatrocientos años. Se enfrentó y excomulgó a Alfonso de Este, marido ya de Lucrecia Borgia...¨.
¨El pasado al servicio de los Borgia podía hacer que Julio II se interesara por quién era la protagonista del cuadro que estaba pintando Leonardo. Si no, ¿a qué viene que el funcionario florentino apunte en el margen de un libro que Leonardo esta pintando a Lisa Gherardini? ¿Para recordar su nombre? ¿Por qué? ¿Tenía que informar a alguien y no quería que se le olvidase?¨.
Ahora comprende por qué Leonardo ocultó la identidad de la verdadera protagonista del cuadro, también que debió de ser enorme la impresión que le causó Lucrecia, no desistió de pintar el cuadro que le acompañó toda la vida. Ella, con su sonrisa, un gesto cómplice que comparte su secreto.
¨¿Quién se atrevía? Podía ser interpretado como un desafío, y en Lucrecia, una de las cosas más identificativas era su cabello rubio¨.
Sonríe, ha podido encontrar el motivo que llevó a actuar así a Leonardo. Recuerda la anécdota de que Lord Byron, tres siglos después del fallecimiento de Lucrecia Borgia, mientras realizaba una visita a la Biblioteca Ambrosiana de Milán, pudo contemplar un mechón de cabello de Lucrecia, fue tal la impresión que le causó que lo robó y guardó como si se tratara de una reliquita. ¨Es muy sedoso, hermoso, y los más admirables que imaginarse puedan¨, fueron sus palabras.
¨Es increíble el poder de seducción que debía tener¨.
En todas estas cuestiones está pensando Umberto, pero quiere buscar otro ángulo, iniciar desde otro punto de vista a ver si le llevan al mismo sitio confirmándole que el camino que está siguiendo en su investigación es el correcto o se lo complementa sin que aparezca contradicción. Busca la comprobación como a veces se le hace a un resultado matemático. Y es cuando pone el nombre de Salai en el buscador de Internet. Como siempre, en principio opta por la de la Fundación Wikipedia, y en segundo lo ve claro, el flash que buscaba aparece en forma de imagen.
¨¡Dios, esto es, aquí está!¨.

ANTONIO BUSTOS BAENA.

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