domingo, 8 de mayo de 2016

EL DEVOTO CÍNICO.

  Le gustaba aparentar que era un hombre muy religioso y envanecerse de su rectitud moral. A veces, para impresionar a los demás y alardear de su espiritualidad, declaraba:
-Daría veinte años de mi vida por alcanzar la sabiduría definitiva.
Y cierto día pasó por allí un gran maestro al que todos consideraban tan avanzado espiritualmente que si uno de verdad seguía sus enseñanzas, podía hallar en esta vida la realización espiritual definitiva. Llegó a sus oídos que un hombre de la localidad iba asegurando que daría veinte años de vida por alcanzar la liberación, por lo que le hizo llamar y le dijo:
-Estoy deseando encontrar alguna persona que de verdad quiera iluminarse y esté dispuesta a sacrificarse cuanto sea por ello. He escuchado que darías veinte años de vida por alcanzar la Sabiduría. Yo te aseguro, amigo mío, que puedo conseguir que la consigas, pero ¿de verdad estás dispuesto a dar veinte años de vida?
-Sí, por supuesto... -afirmó sin pausa el devoto- de la vida de mi mujer.

REFLEXIÓN

Llenamos nuestras vidas de buenas intenciones y toda clase de propósitos y proyectos, pero ¿adónde van a parar? Los dejamos sobre el abismo y la mayoría de ellos no se materializan, porque hay que distinguir entre la comprensión de superficie, que no es tal, y la verdadera comprensión, que es la que impulsa a proceder en consecuencia. No basta con proponerse un objetivo, sino que hay que poner los medios hábiles para hacerlo posible. Decimos querer cambiar, pero no hacemos nada eficiente para lograrlo. No hay ningún caso de una persona que se acueste por la noche de una manera y se levante de otra. El cambio interior sólo sobreviene mediante el esfuerzo bien dirigido, la disciplina y el autoconocimiento. Para poder conquistar la paz interior, hay mucho que perder; agitación, envidia, celos, rabia, enfoques incorrectos, avidez, odio... Muere una parte de uno para que aflore la más fértil. Para liberarse, sí, hay que dar a veces veinte años de la propia vida: veinte años de ejercitamiento para liberar la mente de sus ataduras. Buda dio seis, Jesús otro tanto o más, Mahavira también y lo mismo Pitágoras. La senda hacia la liberación es gradual y, como nadie puede recorrerla por uno, no existe otra posibilidad que hollarla uno o seguir empantanado en el doloroso terreno de la ignorancia.

RAMIRO A. CALLE.

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