miércoles, 30 de septiembre de 2015

EL POETA MADURO (1913-1926).


  Instalado de nuevo en Madrid -esta vez en la famosísima Residencia de Estudiantes-, Juan Ramón Jiménez comienza una etapa decisiva en su evolución. Otro hecho fundamental marca estos meses; el poeta conoce a Zenobia Camprubí, con la que inicia un noviazgo que durará tres años. Es la época de composición de libros como Estío -que no aparecerá, sin embargo, hasta 1916- y de la publicación de obras importantísimas que señalan un giro radical en la producción del poeta, sobre todo las tituladas Diario de un poeta recién casado (1917), Eternidades (1918), Piedras y cielo (1919) y Belleza (1923).
En Estío se perciben ya los primeros síntomas de esta evolución nostálgica y apasionada de borrosas figuras femeninas, se actualiza, se hace indagación de una realidad presente; y, por otra parte, esa mujer única comienza a ser identificada, como bien perfecto al que se aspira, con la poesía, como se advierte ya en el poema con que comienza el libro:

Pasan todas, verdes, granas...
Tú estás allá arriba, blanca.
Todas, bullangueras, agrias...
Tú estás allá arriba, plácida.
Pasan arteras, livianas...
Tú estás allá arriba, casta.

Diario de un poeta recién casado (1917), escrito en gran parte durante el viaje a Estados Unidos, adonde Juan Ramón acudió para casarse con Zenobia, supone un avance considerable con respecto a la obra anterior. ¨Es mi mejor libro¨, escribiría el poeta muchos años después. Aún dejando aparte esta preferencia del autor, lo cierto es que el Diario abre nuevas perspectivas en la poesía juanramoniana y explora temas y formas que luego aprovecharán muchos poetas de la generación del 27.

RICARDO SENABRE SEMPERE.

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