domingo, 20 de septiembre de 2015

EL BORRACHO Y LA CAMPANA.

     Salió de la taberna dando tumbos y de vuelta a casa tenía que pasar por las puertas de un cementerio, en donde se podía ver un cartel que decía: ¨Toque la campana para avisar al vigilante¨. Era de madrugada y el beodo se puso a tocar sin parar la campana, formando un gran escándalo. Al poco tiempo llegó el vigilante, malhumorado, y se dirigió al borracho para pedirle explicaciones:
   -¿Por qué demonios tiene que tocar la campana a esta hora de la noche?
   Y el hombre ebrio, muy indignado, replicó:
    -¿Y por qué tiene este cartel que obligarme a que toque la campana para avisar al vigilante?

REFLEXIÓN

     Una de las funciones más preciosas de la mente humana es el discernimiento. Discernir quiere decir desvelar, y el discernimiento bien ejercitado y claro es el que nos ayuda a ver las cosas como son, a desvelar su esencia y a proceder en consecuencia. Cuando la consecuencia está embotada y el discernimiento tiende a distorsionar, la persona no ve las cosas como son y se halla incapacitada así para llevar a cabo la acción diestra. Para esclarecer la mente es necesario aprender a detenerla, calmarla y esclarecerla, y tal es la misión y objetivo de la meditación; detener, calmar u esclarecer. Del sosiego y la claridad mental surge el discernimiento y brota la sabiduría. De ese modo la persona puede emprender la acción diestra, lo que no quiere decir que no pueda equivocarse, pero si lo hace, incluso de esa equivocación hace un aprendizaje y transforma el error en aliado. De la ofuscación mental sólo puede surgir ofuscación mental y por tanto se desencadena la acción inapropiada y guiada por la confusión y el desorden. En la senda hacia la completa evolución de la conciencia, es necesario trabajar sobre la mente para ordenarla, desarrollarla y purificarla. El desarrollo de la conciencia suscita sabiduría y de la sabiduría nace la compasión.

RAMIRO A. CALLE.

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