martes, 29 de septiembre de 2015

CABALLERO GRAN CRUZ DE ISABEL LA CATÓLICA.


     JOSÉ GARCÍA MORENO cuenta con la gran distinción, dignidad superior, de la GRAN CRUZ DE ISABEL LA CATÓLICA, según el Real Decreto de 19 de julio de 1887. Para su familia parece ser que fue concedida por su eficaz actuación y heroico comportamiento en la lucha contra una epidemia en Málaga, una pandemia de gripe, siendo gobernador civil de esta ciudad.

  Si su eterno rival, correligionario y amigo de La Alpujarra, Bueso Bataller, fue nombrado gobernador civil de Almería, García Moreno también lo sería, pero de una plaza más importante; Málaga. Poco conocemos de este periodo, cuyo mandato puede haber durado meses o días, a falta de una investigación en los diarios malagueños de la época y dada la infructuosa búsqueda en los archivos del Gobierno Civil de Málaga.

  Desde luego, los documentos encontrados en el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores no parecen confirmar esta hipótesis, y el nombramiento de gobernador civil puede haber sido posterior a 1887.

  Hasta hoy ningún orgiveño ha sido condecorado con tan alta distinción. La orden fue creada por Fernando VII el 24 de marzo de 1815. En ella hay tres clases de individuos; grandes cruces, comendadores y caballeros. Las insignias de las grandes cruces son: banda de seda blanca ancha terciada del hombro derecho al izquierdo, con dos fajas de color de oro, no distantes de sus cantos, con un espacio igual al mismo filete, uniendo los extremos de dicha banda un lazo de cinta angosta de la misma clase de que pende la cruz, que es de oro, coronada con corona olímpica, formada de cuatro brazos iguales, esmaltada de color rojo; en su centro hay sobrepuesto un escudo circular con las dos columnas y globos que representan las Indias, enlazadas con una cinta y cubiertos con una corona imperial, llenando el campo del escudo los rayos de luz, que partiendo de los mismos globos se extienden en todas direcciones. En el exergo, y sobre campo blanco, hay la siguiente leyenda en letra de oro: ¨A LA LEALTAD CRISOLADA¨. Por el reverso es lo mismo, con la diferencia que en él se lee ¨POR ISABEL LA CATÓLICA, FERNANDO VII¨, puesta la primera parte en la mitad superior del exergo y el nombre del rey en el centro, al escudo, sobre campo azul en cifra de oro, coronada de corona real. Llevan también las grandes cruces placa de oro de la misma forma que la cruz e igual esmalte en el escudo, más el semicírculo superior del exergo lo ocupa la leyenda del anverso y la inferior la del reverso, colocando en el centro de aquélla la cifra coronada del nombre del rey.

  García Moreno está, pues, en posición de la dignidad superior de esta Orden. Si el reconocimiento de GRAN CRUZ DE ISABEL LA CATÓLICA distinción de oro que fue fundida en Granada, en plena Guerra Civil, para su donación a la causa nacional- fue conferida por su arrojo y valor, no es menos cierto que este hombre -también CABALLERO CUBIERTO ANTE EL REY- tenía una humanidad y bondad inconmensurable, además de gozar de las simpatías de todos los orgiveños. Siempre se preocupó de los enfermos del pueblo, de los más débiles, a quienes tuteaba y les preguntaba por su salud, además de enviar víveres, comida y ropa de todas clases. En ocasiones, sobre todo en Navidad y verano, en la puerta de su casa se aglomeraban decenas de pobres en fila para pedir limosna.

  Su sobrino, el notario y decano del Colegio Notarial de Granada, José García Trevijano, también siguió con esta práctica de dar limosna a los pobres de Órgiva y de otros pueblos cercanos de la Alpujarra que a su casa llegaban, formándose largas colas de más de cien metros, que los mayores meditaban y nosotros de niños aún hoy traemos a la memoria. Pocos ya recuerdan a estas ilustres personas, muy ricas, pero comprometidas con la pobreza de la comarca. Hombres buenos que descansan en el cementerio viejo de Órgiva, tributándoles a su tumba sólo una mirada de respeto, que debería de ser siempre de admiración y cariño por la labor humanitaria que siempre realizaron.


  Una de las muchas anécdotas que hoy podemos narrar de José García Moreno y que resume su caballerosidad, su protección frente a los débiles, ocurrió durante un frío invierno de los muchos que acontecen o sobrevienen en nuestro pueblo.


  Uno de los labradores que trabajaba en las fincas de García Moreno acudió a la casa del prestigioso político, para solicitarle una ayuda económica. Era la hora de la sobremesa y el matrimonio estaba sentado alrededor de la mesa-camilla, con el típico brasero de la comarca, que imaginamos de ascuas de leña y tapado parcialmente con cenizas. Al abrir la puerta el mayordomo de García Moreno le preguntó que deseaba:

  Venía a hablar con el señorico don José, para pedirle el favor de un adelanto económico.


  El matrimonio oyó la conversación y García Moreno hizo una señal para hacer pasar al bracero, mientras su mujer una y otra vez le pisaba el pie para que no accediera a la petición de aquel trabajador.

  El diputado provincial era una persona que siempre tuteaba a los orgiveños, aunque nadie en el pueblo lo hacían con él, infundía autoridad, además de respeto y cariño a la vez:

  ¿Qué pasa Antonio? ¿Qué te sucede?, dijo García Moreno.


  El jornalero con su sombrero quitado y tras hacer varias reverencias, inclinando su cabeza, como entonces era costumbre con las personas ricas, los terratenientes, le dijo:

  Señor, vengo a pedirle adelantadas nueve pesetas, no tengo nada de dinero y mi mujer está muy enferma. Las necesito para ir a Granada. A cambio señor de los trabajos pendientes... añadió.


  La esposa de García Moreno no cesaba de pisarle el pie y cansado ya de sus pisotones y de su aplastante negativa, se levantó y mirándola le dijo:

  ¡No me pises más! Si este hombre viene a pedirme nueve pesetas es porque las necesita. Antonio, toma cinco duros y no me los devuelvas.


  A continuación le acompañó a la puerta, algo inusual en aquella época, y le despidió deseándole lo mejor para su esposa y añadió:

Si necesitas más no dudes en pedírmelo.


  Esta anécdota contada una y otra vez por María Trevijano, después del fallecimiento de García Moreno, revela la condición humana de la gran figura de Órgiva. Sobran nuestras palabras.

  También protegió, como no, a su familia. García Moreno era el gran patriarca de todos sus primos, que le adoraban y obedecían como si de un padre más se tratase. Un ejemplo de generosidad que, salvo el notario Antonio García-Trevijano, no se ha vuelto a repetir en Órgiva, tal vez aprendido de su amigo y jefe político Práxedes Mateo Sagasta. A su muerte los primos saldrían del entorno de la casa, ya no contarían con la protección e influencia de su viuda.

JUAN GONZÁLEZ BLASCO.


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