lunes, 31 de agosto de 2015

LA GUERRA Y LA MUERTE.



  En 1931, pocos meses después de la proclamación de la Segunda República -cuya bandera ayudó a izar Machado en el Ayuntamiento de Segovia-, el poeta emprende su último destino docente; el Instituto Calderón de la Barca, de Madrid. En 1934 aparecen las primeras prosas de Juan de Mairena. Al sobrevenir la Guerra Civil, Machado colabora activamente en distintas publicaciones de la España republicana. Algunas de estas contribuciones se recogen en el libro La guerra (1936-1937), editado en 1937, cuando Machado se ha trasladado ya, con su madre, su hermano José y la familia de éste, a Valencia. Se trata de un libro muy breve y de carácter misceláneo, que recoge algunos escritos en prosa de esos años y la elegía de Federico García Lorca, titulada El crimen fue en Granada, donde rebrotan acentos y estructuras de la elegía a Giner de 1915.

Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en la Alhambra,
un túmulo al poeta.
Sobre una fuente donde llora el agua
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

En general, los poemas escritos durante el conflicto bélico son escasos, si bien algunos sobresalen por su especial hondura, como el soneto La muerte del niño herido; en otros predomina la patética reminiscencia de un pasado lejano y partido:

Mi Sevilla infantil ¡tan sevillana!
¡Cuál muerde el tiempo tu memoria en vano!
¡Tan nuestra! Aviva tu memoria, hermano.
No sabemos de quién va a ser mañana.

La guerra se encona rápidamente. En abril de 1938, Machado se traslada con su familia a Barcelona, desde donde seguirá escribiendo asiduamente para la revista Hora de España, sin duda la publicación de mayor altura intelectual del bando republicano. El 22 de enero de 1939, cuando es ya evidente que el fin de la guerra está próximo y que concluirá con el triunfo del ejército sublevado, Machado, su madre y sus hermanos salen de Barcelona; cruzan en precarias condiciones la frontera francesa de Cerbére el 27 de enero y llegan a Collioure, donde se instalan en el hotel Bougnol Quintana. Machado cae enfermo. La bronquitis agrava sus ya antiguos problemas vasculares, y su estado empeora en pocos días. Su madre Ana Ruiz, agoniza lentamente en la misma habitación, casi inconsciente. El poeta muere el 22 de febrero, y tres días más tarde se extingue su madre. Ambos fueron enterrados en el cementerio de Collioure. Desde América escribió amargamente Juan Ramón Jiménez:

Murió del todo en figura, humilde, miserable, colectivamente, res mayor de un rebaño humano perseguido, echado de España, donde tenía todo él, como Antonio Machado, sus palomares, sus majadas de amor.

Los testigos de aquellos penosos sucesos afirman que Machado no escribió nada durante sus días de Collioure. Su hermano José, sin embargo, encontró en la chaqueta de Antonio un papel con un verso, probablemente comienzo de una composición que no siguió, escrito sin duda muy pocos días antes de morir; un solo verso que revela, no obstante, la añoranza infinita de un poeta que, en medio de la más absoluta calamidad, se aferra desesperadamente al recuerdo de tiempos felices y lejanos: ¨Estos días azules y este sol de la infancia¨.

RICARDO SENABRE SEMPERE.

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