miércoles, 12 de agosto de 2015

EL SECRETO DE LEONARDO DA VINCI.

XLII
Un nuevo jueves. El Presidente asistía a la reunión obligado por su hermano, con el que había discutido por primera vez, este estaba muy nervioso ante los acontecimientos, parecía que transmitía sus preocupaciones a los dos sobrinos; ellos, al parecer, le respaldaban.
Salomón Siegman recordó las luchas intestinas por el poder que tuvieron sus antepasados, conocía los riesgos. Los negocios son llevados en los genes generación tras generación. Para estos judíos, la familia es negocio y el negocio es la familia. Al igual que en los clanes animales, en cuanto el líder flaquea es atacado por otro miembro que se siente capaz de derribarlo, por eso él aupó a los más débiles. Pero llegado el momento, el ansia de poder aparecía. Volvían los secretos, las alianzas y las traiciones.
Un joven que apenas superaba la treintena, con traje gris oscuro y corbata roja, ocupaba el asiento en el que antes se sentaba Violeta.
-¿Y bien? -preguntó el Vicepresidente Segundo, que permanecía como el resto de sus familiares, con los brazos cruzados delante del pecho.
No dio su nombre. Se limitó a decir que evidentemente trabajaba en Cesaré s Enterprise y que estaba en el lugar adecuado, que la vida es cara, que les podía pasar toda la información y los movimientos que ellos iban a hacer por anticipado. En resumen, se ofrecía como chivato de la empresa que le daba de comer, de la que ya se sentían enemigos el resto de los allí presentes. Y como todo eso tenía un precio, quería ganar dinero rápido y de una tacada.
-Solo un millón de dólares -dijo alegre y suficiente, como si estuviera en una cafetería con amigos.
Con naturalidad dejó a las claras que tenía una oportunidad y la quería aprovechar, pero el resto de los hombres no estaban para fiestas. Cuando terminó de hablar, sus interlocutores judíos permanecieron callados, parecía que para todos la cuestión estaba clara. Para todos menos para uno, el Presidente.
-Bien, vamos a ver hasta qué punto usted está al tanto de todo como nos quiere hacer creer. -Todos quedaron expectantes ante las primeras palabras pausadas del hombre que se veía que era el que mandaba allí-. Hace unos meses hubo una reunión entre el señor Cacciatore y una persona de esta casa, ¿sabe de qué se habló allí?
La sonrisa del joven se amplió.
-Usted se está refiriendo a la reunión en el Alain Ducasse del señor Cacciatore con su, hasta hace poco, socia italiana. -Los tres Vicepresidentes se miraron entre ellos cuando escucharon esas palabras, solo el Presidente permaneció neutro.
-Así es.
-En esa reunión trataron del mismo asunto que estamos tratando aquí -dijo el joven afilando la mirada.
-¡¿Cómo?! -El Vicepresidente Primero no pudo contener la reacción, parecía obsesionado con todo lo que proviniera de Violeta.
El Presidente le lanzó una mirada de reprobación que no pudo ver, pues estaba irritado, ofuscado, por lo que su hermano le gritó enfadado:
-¡Cállate!
Quedó petrificado. Quiso contestarle, pero no se atrevió. Se echó hacia atrás en el asiento sintiéndose ridículo y anulado ante los demás. Su hermano no hizo nada por aliviar la humillación, al contrario, se le vio muy molesto con él.
El joven miró a unos y a otros, el Presidente volvió la vista hacia él.
-Continúe.
-Sí, ella tuvo en sus manos toda la información, está claro que no les dijo nada a ustedes. -La sonrisa del joven de la corbata roja tomó matices irónicos.
En ese instante, Salomón Siegman comprendió todos aquellos detalles que no terminaba de entender en Violeta. Existía otro porqué en su marcha, como él sospechó.
A los Vicepresidentes se les instaló un vacío sobrevenido en el estómago. El miedo visitaba a estos LADRONES de ¨GUANTE BLANCO¨ QUE SE CREÍAN MÁS LISTOS QUE EL SISTEMA, y el Vicepresidente Primero y Tercero lo hacía en forma de pánico. A ellos no les gustaba tocar los temas con los que había que tener menos escrúpulos, los relacionados con El Cielo, así se creían más inocentes. Solo les parecía bien su existencia cuando repartían el dinero procedente de él. En el fondo, pensaban que nuca serían descubiertos. Llevaban ya mucho tiempo realizando este tipo de operaciones y solucionaban con eficacia los pocos inconvenientes que se presentaban.
De repente vieron que podían perder todo en un instante, y no solo esto, también comenzaban a ver que sy futuro iba a ser muy diferente al pasado, estaba entre rejas. Ante eso, el Vicepresidente más joven y el de más edad, sin hablar, tuvieron el mismo pensamiento; huir. Son muy pocos los que aguantan el tipo cuando llegan esos tiempos, esa es una de las diferencias entre los verdaderos líderes y los que no lo son. En esos momentos también destacan los que están dispuestos a todo y permanecen al lado de sus jefes, los que después les sustituirán.
-Está bien, joven. -El Presidente demostraba tranquilidad-. Su información es bastante menos valiosa de lo que usted cree. -Al invitado le desapareció la sonrisa de la cara en un segundo-. De todas formas, manténgase en contacto con mi sobrino -señaló el Vicepresidente Segundo, que reaccionaba y se sentía elegido-, él le acompañará a la salida, gracias.
-Disculpe, señor, pero...
-Ya le he dicho que gracias.
El joven se levantó nervioso, no sabía qué decir ni en qué situación quedaba todo. Y la duda principal, ¿iba a sacar algún dinero de aquello?
Se reconoció como un novato frente a un hombre acostumbrado a negociaciones de verdad, sin usar el poder se lo hizo sentir.
Cuando la puerta se abrió e iba a salir, un nuevo impulso, no le quedaba nada claro, tenía que decir algo. Se volvió y vio la cara del Presidente, que le miraba de forma amable, fue a hablar y solo le salieron estas palabras:
-Gracias por su atención.
Se marchó diciéndose a sí mismo que era un idiota.

ANTONIO BUSTOS BAENA.

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