viernes, 10 de julio de 2015

PRÓLOGO.


UNA PARÁBOLA



  Siendo niño, el anciano había escuchado la historia de una mujer que encontró en la playa una botella cerrada. Cuando la descorchó, un genio emergió de ella y concedió a la mujer todos sus deseos. El anciano pasó el resto de su vida buscando una botella como aquella. Peinó con paciencia cada playa de cada continente y fue tal su obsesión que se olvidó por completo de vivir. Nunca estrechó lazos con nadie ni mantuvo un trabajo durante mucho tiempo. Fue un hombre infeliz.
Un día, en una playa cercana a su casa, encontró la botella que había estado buscando. Por alguna extraña razón, sintió que había un genio dentro. El corcho de otras botellas era difícil de extraer, pero este se deslizó fácilmente. Un genio apareció de la nada. Y le dijo:
-Estoy aquí para concederte todo lo que desees.
-¿Todo lo que desee? -replicó el anciano.
-Bueno -dijo el genio-, casi todo. Como eres muy mayor y nuca has estado metido en política, es probable que puedas llegar a ser presidente de Estados Unidos; tampoco sería sensato desear formar parte de un equipo de baloncesto olímpico. Ni creo que desees conseguir algo a expensas de otra persona. Así que, no, todo, no. Pero aun así, más de lo que hayas podido imaginar. Y, desde luego, suficiente para asegurarte la paz y la felicidad.
El anciano estaba exultante pero, entonces, se quejó:
-¿Por qué he tardado tanto en encontrarte? Todo habría sido tan distinto si te hubiera hallado cuando era joven.
-Ah, amo -dijo el genio-, ¡pero si he estado contigo todo el tiempo! Yo no estaba en esa botella. He permanecido contigo, concediéndote deseos durante toda tu vida. ¿Recuerdas cuando tenías seis años y deseabas que tu padre te prestara más atención? Te hiciste un corte en el dedo. No fue un accidente. Tu padre te curó la herida y te abrazó. ¿Te acuerdas? ¿Y cuando te presentaste a las oposiciones a auditor del Estado? Entonces estuviste diciéndome que no eras lo suficientemente inteligente como para aprobarlas y que no merecías ganar el sueldo que gana un auditor público. ¿Recuerdas cómo te quedaste en blanco durante el examen? Tu deseo fue concedido.
¨Como no eras consciente de que estaba cumpliendo tus deseos continuó el genio-, a menudo estos te perjudicaban. A veces los deseos no eran tuyos. Procedían de tus padres, profesores, amigos y hasta de los anuncios de la televisión.

¨Me alegro que me hayas encontrado. Ahora tus deseos van a ser considerados y positivos. Ahora podemos trabajar juntos. Juntos podemos estar sanos, hallar la paz y disfrutar de la riqueza de la vida. Pero primero lee atentamente este libro. Si sigues sus instrucciones, te concederé paz, prosperidad y felicidad.

HARRY W. CARPENTER.

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