jueves, 23 de julio de 2015

HACIA NUEVAS CANCIONES.



  Las excursiones por la baja Andalucía efectuadas durante los años de residencia en Baeza aportan a la poesía de machado nuevos materiales y motivos de inspiración, que cristalizarán en el libro Nuevas canciones (1924), donde abundan los poemas de corte popular, a menudo brevísimos, en los que se ha querido ver un acercamiento del poeta a la moda de la lírica popularizante que comienzan a practicar los jóvenes de la generación del 27, (Recuérdese que en 1921 se publican el Libro de poemas de García Lorca y los Poemas puros. Poemillas de la ciudad de Dámaso Alonso; Marinero en tierra, de Alberti, aparecerá en 1924.) No parece explicación suficiente, ni es de suponer que Machado, con una obra que le ha granjeado la estima general, haya tenido razones para dejarse arrastrar por una moda naciente. Por otra parte, Machado no descubre ahora los modelos de la canción popular, que conocía desde su niñez, puesto que su padre había dedicado parte de sus tareas a recopilar coplas de esta naturaleza, que publicó en 1881, en el volumen titulado Colección de cantes flamencos; tampoco debían de serle ajenos los Cantos populares españoles que otro sevillano, Francisco Rodríguez Marín, imprimió el año siguiente.
Nuevas canciones nace, en buena medida, del propósito de huir de la lírica cerradamente confesional y del tema dominante que ha predominado desde Soledades hasta Campos de Castilla. El esfuerzo se orienta hacia un tipo de composiciones breves, cercanas a la copla y al aforismo, que por su misma naturaleza dificultan el desarrollo de la anécdota y la expansión personal y son, en cierto modo, una salvaguardia contra la tentación de convertir la poesía en testimonio íntimo. Canciones como


A las palabras de amor
les sienta bien su poquito
de exageración.

O bien:

¡Tus sendas de cabras
y tus madroñeras,
Córdoba serrana!,


reducen al mínimo la expresión lírica, la transforman en pura emoción instantánea o en reflexión de alcance general, eliminando así cualquier interferencia personal del sujeto lírico. A pesar de ello, muchos poemas del libro reiteran el tema obsesivo y el recuerdo de Leonor; a veces de manera explícita, como en los extraordinarios sonetos de la serie Los sueños dialogados, el primero de los cuales comienza: ¨¡Cómo en el alto llano su figura/se me aparece!¨; en otras ocasiones, el tema aparece velado por la alusión, pero de forma reconocible para cualquier lector atento de Machado.
Nuevas canciones es el producto de una sugestiva tensión entre dos orientaciones dispares; la que arrastra hacia atrás, hacia la prolongación de los motivos anteriores, y la que impulsa a Machado a buscar otros temas. Pero no es la poesía el terreno más propicio para esta huida, sino otra modalidad a la que Machado se entrega cada vez con mayor asiduidad; la prosa. Crea, para dar cabida a sus reflexiones y a sus crecientes inquietudes filosóficas, el personaje de Abel Martín, alter ego del poeta con el que coincide incluso en las iniciales de su nombre-, y, posteriormente, a Juan de Mairena, otra figura inventada que sirve a Machado para teorizar sobre multitud de cuestiones literarias, políticas y filosóficas. Esboza un Cancionero apócrifo con el perfil de unos ¨poetas que pudieron existir¨, cada uno de ellos representado con alguna composición, que no son otra cosa que proyecciones posibles de Machado, apuntes de distintos caminos por los que su poesía podría haber evolucionado.
Toda esta actividad constituye el conjunto de tentativas del poeta por salir del círculo de la lírica personal. Pero es un esfuerzo vano; los recuerdos de Soria, los símbolos mortuorios rebrotan incesantemente. Un amor tardío, idealizado e imposible se traduce en un manojo de bellos y melancólicos poemas dirigidos a Guiomar, nombre supuesto de la dama inalcanzable, a la que había conocido Machado hacia 1927, trasladado ya al Instituto de Segovia. No habrá más libros de poesía; tan sólo algunas obras de teatro escritas en colaboración con su hermano Manuel.

RICARDO SENABRE SEMPERE

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