lunes, 20 de julio de 2015

EL SECRETO DE LEONARDO DA VINCI.


XXXV

Umberto salía del cuarto de baño recordando la conversación con Paolo, Pero de inmediato se le fue de la cabeza cuando vio a Violeta tumbada sobre la cama, solo unas braguitas blancas, y una fila de diamantes colocados sobre el centro de su cuerpo se abrían en dos antes de llegar a la altura del pecho. Subían hasta la aureola. La Y dibujada le recordó el símbolo de la libertad, y esta lanzaba sus brillos destellantes a los ojos de Umberto mientras se acercaba. La imagen le produjo confusión. No pudo evitar acordarse de Elodie.
-Hemos conseguido más de lo que hubiéramos podido imaginar cuando decidimos venir a esta ciudad, ¿verdad?
Umberto reparó de inmediato en que Violeta había utilizado la palabra ¨decidimos¨ , le daba su espacio y él se lo agradeció.
-Sí, bastante más -dijo tumbándose a su lado, llevaba puesto solo el pantalón de dormir, unos Levy´s largos a cuadros entre azul oscuro y gris-, pero... ¿sabes una cosa?
-¿Qué?
-Que eso -dijo señalando el diamante de mayor tamaño es lo menos importante.
-Bueno, también tiene su importancia, ¿no?
-Muy poca para mí, lo más importante es lo que está debajo.
-Gracias. -Violeta se volvió un poco hacia su lado, le besó mientras un pequeño tintineo sonaba al caer los diamantes sobre la cama y chocar entre sí.
Nada más separarse miró repetidamente los labios de Umberto, esperaba su respuesta, se preguntaba si deseaba más, y él se dio cuenta. La besó de una forma muy especial, sus labios se movían y giraban como si estuvieran impregnados de un aceite amoroso que le producía unas sensaciones sensuales al mismo tiempo que una gran habilidad en los movimientos, en esta ocasión no jugó al escondite con su lengua como él con frecuencia hacía, fue generoso. Le encantó cómo la estaba besando y Umberto se dio cuenta.
-Te gusta, ¿eh? -le dijo en voz baja.
-Me encanta.
Umberto se fijó en su cuerpo libre de piedras preciosas, se había recuperado del bajón que había tenido unos meses atrás con los problemas del trabajo. Sonrió, el diamante más grande no había caído a la cama y se había quedado alojado en el ombligo. Lo señaló.
-Este se ve que quiere que lo conviertas en tu favorito.
-Pues si es así, ya tiene el galardón, pero igual no se trata de eso y es solo una señal.
Umberto estudió su rostro, su gesto, había algo especial. Ese tipo de comentarios entre ellos siempre tenía un mensaje.
-Cualquier señal que compartas conmigo me alegrará.
Y entonces Violeta vio la oportunidad única de hablar con Umberto de algo que deseaba enormemente y no sabía cómo planteárselo.
-Casémonos.
-¡¿Qué?!
No se lo esperaba. Lo sorprendió por completo.
Aunque él estaba bautizado y había hecho la Primera Comunión como casi todos los italianos, no se sentía católico. Le asaltó una duda.
-Pero... ¿por la iglesia?
-sí.
-Violeta, sabes que yo..., esa cuestión...
-Es algo que tendremos que hacer antes o después, ya sabes cómo piensan mis padres, una buena ocasión para volverlos a ver, no hemos vuelto por Italia..., llevabas razón, los he abandonado.
-No digas eso, has estado muy liada -comentó mientras en su mente repetía lo que acababa de oír: ¨ “ es algo que tendremos que hacer antes o después”¨.
¨Ella lo da por hecho¨.
-Los pobres, solo un contacto al mes, ninguna queja..., Umberto, necesito verlos cerca, necesito que nos casemos, estaría más tranquila conmigo misma.
-Lo pensaré.
-Vale, pero no te tomes mucho tiempo.
De nuevo un gesto que Umberto consideraba especial.
-Pero... ¿ocurre algo?
-Sí.
-¿El qué? -preguntó desorientado.
No podía esperar más, lo sabía todo el mundo menos Paolo y él, había dejado pasar demasiado tiempo, si supiera que en Salomón Investiment todo el mundo estaba al corriente... Violeta era así, arriesgada con ese punto de espera hasta conseguir los momentos adecuados en los que solo ella decidía.
-Estoy embarazada.
Umberto sintió aprecio, cariño, y un amor inmenso. Se abrazaron. Sin ella todo sería muy distinto, le faltaría algo, no sabía el qué, pero no lo iba a perder.
-Te quiero -le dijo Umberto al oído.
Hacía mucho tiempo que no se lo oía decir, se sintió más reconfortada que nunca por esas dos palabras.
-¿Desde cuándo lo sabes?
-Hace poco, pensaba que eran trastornos por los problemas y tensiones en Salomón...
La deformación profesional llevaba a Violeta a jugar siempre con todas las bazas a su favor.

ANTONIO BUSTOS BAENA.

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