jueves, 30 de julio de 2015

EDUCACIÓN.



  Cuando se interpretó por primera vez en Londres El Mesías de Haendel, el Rey, que se encontraba presente, se sintió tan arrebatado por el sentimiento religioso durante el ¨Aleluya¨ que, olvidando los convencionalismos, se puso en pie para rendir un silencioso homenaje de respeto a la obra maestra que estaba escuchando.

Al verlo, todos los nobles que allí se encontraban siguieron el ejemplo del rey y se pusieron también en pie.
Naturalmente, aquello era una señal inequívoca de que todo el mundo debía ponerse en pie.

Desde entonces se considera obligado ponerse en pie siempre que suena el ¨Aleluya¨, independientemente de lo que uno sienta o de la calidad de la interpretación.

ANTHONY DE MELLO.

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