sábado, 20 de junio de 2015

SOLEDADES



El libro Soledades se lee pocas veces tal como apareció. La razón es sencilla de enunciar: Machado retocó algunos poemas, suprimió otros y añadió muchos más con destino a la edición definitiva de la obra, publicada en 1907 con el título triple Soledades. Galerías. Otros poemas. Esta edición es la única reimpresa e incorporada a las sucesivas reediciones de obras del poeta. Pero, si se quiere examinar la evolución de la poesía de Machado, es preciso comenzar por la consideración de lo que era Soledades en su versión primitiva; un conjunto de composiciones de corte inequívocamente modernista, con marcos inconfundibles -el atardecer, los jardines solitarios con fuentes- y con acuñaciones verbales características de la nueva corriente; cultismos del tipo ¨flamígero horizonte¨, ¨cielo lactescente¨, ¨crepúsculo fulgente¨, el ¨pífano¨, el ¨oro¨ del sol, el ¨sollozar riente¨ del agua, y calificaciones reiteradas como lento, monótono -que hay que atribuir al influjo de Verlaine-, sonoro, soñoliento.
Es perceptible la huella de Rubén Darío, y también ecos de Verlaine y de Salvador Rueda. Pero todo se encuentra tamizado y como ensordecido. Lo que Machado ofrece no se inclina hacia el lujo verbal de Rubén, aunque de vez en cuando incurra en el uso de artificios semejantes a los del poeta nicaragüense. Hay en esta poesía machadiana una orientación más sobria e intimista, más cercana a Verlaine que a Rubén Darío, más preocupada por reflejar sensaciones internas que por transmitir estímulos visuales y auditivos. Y existe, además, en Soledades una línea temática unitaria que se perderá luego, en la edición refundida en 1907, con las supresiones y las alteraciones en la ordenación de los poemas que Machado se vio obligado a efectuar. Por todo ello conviene examinar con algún detenimiento la versión primitiva del libro.

RICARDO SENABRE SEMPERE.

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