jueves, 28 de mayo de 2015

EL SECRETO DE LEONARDO DA VINCI.


CAPÍTULO XXVIII

Siguieron pasando los días.
-Violeta, ¿tiene algún problema?
Menuda pregunta acababa de hacerle Salomón Siegman. Algo que en otro momento de su vida, apenas tres meses atrás, la hubiera llenado de tal forma que la habría hecho sentir feliz, redoblar sus esfuerzos para esta empresa que representaba media vida para ella y, ahora, conseguía una reacción completamente distinta. Tampoco la fastuosa sala de reuniones le trasmitía la sensación de poder de antes. Pero debía de tener mucho cuidado en no levantar sospechas.
No sabía cómo salir del centro del remolino que la hacía girar vertiginosamente como una noria mareante. Ahora apenas dormía. Solo desconectaba del problema cuando estaba con Umberto y el pequeño Di Rossi, ellos sabían que existía un problema importante, los dos percibían de manera bien distinta su origen.
Estaba convencida de que el escándalo estallaría más temprano que tarde. Pasó de largo el mes de plazo que le dio Enrico, la había llamado en dos ocasiones, no le contestó. El no compartir con Umberto ninguno de sus problemas y tanto pensar si encontrar una salida la habían desorientado, sufría una fuerte pérdida de identidad.
Tampoco sabía en qué situación estaba la empresa. El Presidente y Vicepresidentes que celebraban con ella la reunión de ese jueves no le habían informado de que ocurriera nada anormal. Una cosa tenía muy clara, cuando se produce un escándalo, todos mienten. Intentarían exculparse y salpicar al mayor número de personas posibles, cuantas más mejor. Así que los cuatro hombres que la acompañaban, además de ser familia, se unirían para señalarla como la principal y, seguramente, única causante del enriquecimiento ilícito a costa de los clientes.
Tuvo ganas de levantarse en ese preciso momento y marcharse.
¨Que sea lo que Dios quiera¨.
Solo albergaba una esperanza, la de pasar lo que le quedaba de embarazo tranquila en su hogar junto a Umberto y Paolo. Aún no les había dicho nada, hacía unos días que tenía confirmadas sus sospechas y quería estar alegre, feliz en el momento de contarlo; pero el cuerpo y la mente le estaban jugando malas pasadas. Por un lado, estaba más receptiva, notaba día a día su amor, que se preocupaban por ella. Paolo se comportaba como una persona mayor y responsable, en realidad siempre había sido así, comprendiéndolo todo y poniendo de su parte sin que nadie se lo tuviera que decir. Violeta apenas se dejaba mimar, ese malestar constante. Pero solo con ellos sentía algo de consuelo, salía pequeños ratos de ese enorme remolino que amenazaba con arrasar llevándose todo su esfuerzo, y a su familia, al más profundo de los abismos.
Entre una cosa y otra no paraba de vomitar, de llevar palidez a su rostro y desganas a cada día de trabajo en Salomón Investiment Securities. Un infinito asco se instalaba en sus entrañas cada vez que veía el constante gesto de falsedad de su secretaria, exageradamente teatrera por delante, seguro que le estaba buscando un posible fallo por detrás con el que ir a hacer acto de presencia a donde ella más le gustaba, Vicepresidencias. A esa altura cualquiera era bueno para encerrarlo, no le importaría que todos estuvieran casados.
Tres hombres con kipá la estaban mirando, solo el presidente no la llevaba, aunque añadía un detalle de elegancia pasada de moda llevando un pañuelo estampado en el bolsillo del pecho de su chaqueta. Todo el malestar lo llevaba reflejado en el rostro. Había perdido tres kilos de peso, y en su delgadez se le notaba mucho. No supo qué decir, la mente en blanco. Solo sintió unas inmensas ganas de terminar con todo. Levantarse y decir ¨sí señor, tengo un enorme problema, alguien ha descubierto que en esta casa se le está robando, engañando, como lo están haciendo también conmigo, así que me ayudaría enormemente que se olvidara de mí, como si nunca hubiera trabajado aquí, les regalo mis acciones de Salomón Investiment Securities, y no quiero volver a verles ni saber nada más de usted y de esta familia suya, adiós¨, y coger la puerta sin volver la mirada, caminar por John St. Notando cómo le reconfortaba el aire en el rostro, acercarse hasta Trinity Church, con su torre puntiaguda señalando el cielo, empequeñecida entre rascacielos, como se sentía ella. Si Él quisiera ayudarla como hizo la otra vez, sería la mujer más feliz del mundo.
Frente a eso, la sensación de que todo estaba cogido con alfileres, que eran muchos los puntos de su vida que presentaban una debilidad tremenda, que era imposible salir indemne. Inseguridad y angustia vital, estaba teniendo fallos de memoria. La debilidad física y mental no le permitía reaccionar ni a la pregunta que acababa de hacerle el Presidente. Solo esperaba ser derribada, mientras cuatro hombres la contemplaban.
-Violeta, ¿se encuentra bien?
-No, señor.
Desde que la conocían, era la primera vez que daba muestras de agotamiento.
-Quiero que sepa que puede contar conmigo para lo que necesite, la considero como de la familia.
¨¡Dios!¨. Qué bonitas palabras y cuánta falsedad veía en ellas. Recordó la satisfacción plena que sintió cuando supo que se convertiría en la única mujer socia de la empresa, además... sin ser judía. ¡Qué momento aquel, le pareció tocar el cielo! Lo tendría todo, como en un cuento de hadas, y ahora no quería nada, solo a su familia, y también podía perderla.
¨¿Se habrá producido ya la denuncia de Enrico?¨.
En las palabras de Salomón Siegman solo percibió peligro. No le habían preguntado por la reunión, ni siquiera si se había producido, parecía que había quedado en el olvido, pero tenía la certeza de que ellos lo sabían. Violeta no habló del tema a pesar de que el Presidente dijo que le informara.
Todos la observaban. Reparó en la forma especial de hacerlo el Vicepresidente Segundo, escudriñándola. Pensaba que si esta familia obtenía beneficios ilícitos con un sistema llevado a cabo desde El Cielo, que ya existía cuando ella entró, seguro que se había dado algún caso de rebelión, amenazas con destapar todo, el dinero no siempre consigue el silencio; y esta gente debía de ser lo suficientemente disuasoria y expeditiva para que todos permanecieran con la boca callada. Llegado el momento de decir basta, a Violeta le daba que con el que se tendrían que ver las caras sería con el Vicepresidente Segundo.
A los cuatro judíos les dio la impresión de que Violeta había tenido unos segundos de estar ida, ausente, y que volvía a conectar.
-Gracias, señor.
-¿Tuvo el encuentro con Enrico Cacciatore?
No, no se había olvidado. Notó un leve temblor en las manos, las entrelazó y las puso sobre las piernas, bajo la mesa. No sabía cómo le iba a salir la voz, tuvo miedo de que apareciera también ese temblor al hablar.
-Sí, hace unas semanas -contestó insegura.
Ella no lo sabía, pero se la veía natural. Eso sí, los hombres apreciaban su desmejoría.
-No me comentó nada de esa entrevista.
El presidente alargó un poco la línea de la boca, una conversación amigable, Pero Violeta sabía que cualquier tema que tocara este hombre era importante, así que la cuestión tenía la suficiente importancia como para que le mereciera la pena hablar de ello.
-No lo he hecho porque no hubo nada relevante, apenas fueron cinco minutos, y fue más bien de índole personal.
-No sabía que mantuviera una relación personal, además de profesional, con el señor Cacciatore -dijo muy serio el Vicepresidente Primero.
-Disculpe, señor, no llega a tanto.
Violeta contestó con el mismo tono mantenido hasta ese instante, total neutralidad, a duras penas conseguía controlarse. Al final hizo un esfuerzo tremendo y sacó una sonrisa. Repasó en un instante los rostros de los lobos hambrientos que la rodeaban.
-La verdad es que me comentó que había subido el perfil de riesgo de sus inversiones de acuerdo con usted. -Las miradas de Violeta y el Vicepresidente Primero se fijaron-. No me pareció ético entrar en la valoración de esas inversiones aunque me las quiso mostrar.
El Vicepresidente Segundo y Tercero notaron un tremendo regocijo interno, se alegraron. Violeta y uno de los mejores clientes del negocio familiar acababan de poner en el disparadero al tío de ambos, el Vicepresidente Primero, que ocupaba ese puesto por la edad y ¨porque era un corderito que hacía lo que decía la voz de su amo, el Presidente¨, habían comentado los dos en más de una ocasión.
-¿Y por qué no me informó de ello? -preguntó el Vicepresidente Primero visiblemente molesto mientras se levantaba quitándose la chaqueta, paseando tranquilo hasta un perchero cercano para dejarla allí.
Salvo la camisa blanca, todas la prendas eran negras, hasta los tirantes que caían verticales sobre ella. Violeta apreció la teatralidad del momento. Podía haber refriega, nunca había existido, pero siempre hay una primera vez. Y esa descarga de adrenalina hizo que el malestar que últimamente siempre tenía en el estómago desapareciera. De pronto se sintió extrañamente tranquila. El hombre volvió a sentarse y apoyó los codos sobre la mesa, se echó hacia adelante, ponía de manifiesto su superioridad.
¨¿Me vas a interrogar?¨.
Los demás lo percibieron también.
¨Vamos a ver de lo que es capaz¨, pensaron sin palabras los dos Vicepresidentes más jóvenes.
Violeta se tomó su tiempo, esperó pacientemente a que desplegara su presencia de Vicepresidente Primero por toda la sala, incluso un poco más. A los demás incluso les dio la impresión de que ella se hacía esperar, como si una empleada fuese esperada por su jefe.
En la sala de reuniones de Salomón Investiment Securities se estaba produciendo en ese momento un juego de estrategias para dominar psicológicamente al adversario.
-No quise molestarle -dijo por fin Violeta, con una voz suave que sonó sumisa.
La decepción del resto fue tremenda. Se relajaron.
-No me habría molestado -dijo desde su posición de fuerza para dejar patente quién era él, por un momento había pensado que ella se había atrevido a desafiarle.
Sin embargo, pasados unos segundos apreció un cambio extraño en ella que lo desorientó. Este judío no sabía que una italiana era capaz de sacar fuerzas de flaqueza y debilidad extrema, que a pesar de ser hija única no era una niña mimada, que conocía el trabajo de sus padres para que ella llegase hasta donde estaba. La sangre napolitana fluyó con fuerza por sus venas, una energía que la llevó a vislumbrar una pequeña posibilidad de salir de la situación en la que se encontraba... También pensó que tenía poco que perder.
-¡Por favor..., señor...! -Los hombres habían apreciado ese mohín en principio chocante, ahora veían la sonrisa irónica de Violeta que hasta ese momento no conocían-. Todos tenemos nuestro pequeño ego, ¿usted no?
Se notó la satisfacción del Vicepresidente Segundo y Tercero, parecía que no, pero al fin se iba a producir el deseado enfrentamiento.
-Mi posición está por encima de esas ridiculeces -dijo aquel judío mientras ensanchaba los hombros y encogía el estómago, intentando aumentar el volumen de su presencia frente a una mujer a la que se veía desvalida. No importaba, aunque no era una gran pieza a cobrar, lo tenía que hacer, había unos testigos a los que tenía que dejar las cosas claras, también a ella. Pero lo que no sabía este judío era que Violeta no era caza menor.
-No me lo creo.
-¡¿Cómo?! -Se elevó un poco más, no se esperaba esa respuesta, ese desafío-. ¡¿Cómo?! ¡¿Cómo dice usted?!
Solo con esa pregunta, reiterada, elevando más la voz, como si no hubiese escuchado, con su respuesta corporal de indignación esperaba que ella se echara atrás y le pidiera disculpas.
-Que no me lo creo..., señor...
No retrocedió ni un milímetro, todo lo contrario, aún existía más ironía en sus palabras.
¨Ya se lía, seguro¨, pensaron los dos Vicepresidentes mientras el Presidente veía la oportunidad de comprobar hasta qué punto estaba preparado su hermano.
-Violeta, me está pareciendo una descarada, no esperaba eso de usted.
Y por fin una pequeña muestra de energía en ella.
-¿Qué quiere que admita, que no le importa que yo me haya reunido con el señor Cacciatore? Tenía que haberse visto usted la cara cuando entró en esta sala mi secretaria para comunicar que el cliente se quería ver conmigo.
-Eso no es así -dijo mientras se echaba un poco hacia atrás.
-Sí que lo es, lo vi yo y todos los que estábamos aquí.
El Vicepresidente Primero repasó los rostros de sus familiares, no vio ningún apoyo, miradas huidizas, leves sonrisas de satisfacción por la situación en que lo estaba poniendo esa mujer menuda. Sintió como si todos le dieran la razón a ella, y no solo eso, se dio cuenta de que los estaba decepcionando, ponían en duda su estatus. Se creyó contra las cuerdas.
-Pues se equivoca. -Habló bajo, sin contundencia, como su respuesta; no fue capaz de encontrar otra cosa que decir, y algo tenía que contestar.
-Señor, su tozudez me parece infantil.
Los tics nerviosos del Vicepresidente Tercero se entremezclaron con sus pensamientos. ¨Toma¨. ¨To-ma¨. ¨Totoma¨. ¨Toma¨.
¨¡Ahí lo llevas, resuelve esta! ¨, era el punto de vista del Vicepresidente Segundo.
¨Bueno, hasta ahora todo te ha venido rodado, has llegado por edad y servicio a ese escalón que dejé libre, vamos a ver si de verdad estás a la altura¨, pensó el Presidente.
Los tres hombres no lograban evitar sentirse satisfechos por la situación, tampoco lo intentaron, mientras el Vicepresidente Primero no podía estar más ofuscado. Incapaz de razonar, sobre su mente solo actuó una buena dosis de testosterona.
¨¡Eres una puta guarra! ¡Tú no eres socia mía!¨. Pero en su fuero interno ya reconocía que no iba a resultar fácil doblegarla. ¨¡¿Cómo mi hermano pudo cometer semejante error haciéndote socia?! ¡La culpa la tiene él!¨.
Y es que nadie hasta ese momento había sido capaz de ridiculizarle y contravenir sus palabras tanto como acababa de hacerlo aquella mujer.
¨Voy a poner las cosas claras, a decir quién es quién aquí, y sobre todo que ella no es nadie; ¡para empezar, no es judía!¨.
Se puso de pie, apoyó las manos sobre la mesa como si le costase trabajo mantener la verticalidad, parecía hacer un gran esfuerzo. Un tono morado cambió la rojez que antes le había llenado el rostro mientras pegaba sus piernas a la mesa. El Vicepresidente Tercero, que se sentaba junto a Violeta, le miró desde abajo y empujó su sillón un poco hacia atrás, asustado, con la boca abierta. Nunca había visto así a su tío.
¡Boomm! El golpe que descargó en medio de la mesa sonó seco, oscuro. Se notó que era de la mejor madera, maciza, por supuesto. Todos se sorprendieron menos ella, sabía lo que era un napolitano enfadado.
-Ninguna niñata de mierda me llama infantil a mí -dijo bajando el volumen, despacio, le faltaba algo la respiración, pero casi deletreó, llenando de ira cada vocablo.
Violeta era consciente de que el golpe propinado a la mesa lo hubiera querido descargar sobre ella. La decisión estaba tomada. Le podían quitar todo, solo le quería dejar una cosa a Paolo y a Umberto, que supieran que ella, si alguna vez había perdido la dignidad cegada por la abundancia de todo lo que da el dinero del que se te acerca, por fin la había recuperado, y no estaba dispuesta a perderla de nuevo aunque le costara la vida.
-Señor..., se está poniendo en ridículo -dijo tranquila, como si fuera evidente lo que estaba diciendo.
Cólera, ira, furia; todas a la vez. Un arranque de violencia le hizo tumbarse sobre la mesa, alargar las manos, buscar la distancia más corta y recta hasta esa mujer para cogerla por el cuello y estrangularla; era lo único que deseaba en esos momentos.
-¡Tío, por favor!
El Vicepresidente Segundo hizo lo que sabía y tenía que hacer, frenarlo. Lo cogió del brazo con dominio, solo un poco de fuerza y mucha seguridad con la que mandó sobre su tío, estaba acostumbrado a tratar personas fuera de sí.
-Venga, por favor. Siéntate, siéntate y cálmate.
Al derrotado judío le había quedado de manifiesto sus limitaciones, tanto mortales como físicas. El sobrino, una vez percibido que desistía, aflojó la presión sobre el brazo. Ahora solo le acompañó en el movimiento para sentarse.
-Violeta, le ruego disculpe a mi tío, todos tenemos un mal día -terminó diciendo el único de los hombres que había reaccionado; intentaba ser educado, algo que no era habitual en él.
Ella permaneció callada, parecía impasible, miró sus manos que seguían bajo la mesa, sobre su falda. Sudaban.
Al Presidente le quedó claro que su hermano no estaba preparado para sustituirle, a la primera prueba había quedado desarbolado por una mujer joven.
¨¿Qué creías, que para tomar decisiones como las que ella lleva a cabo solo hay que tener un título académico? Esta mujer está hecha de una pasta especial, ya lo vi al poco tiempo de que entrara. Nuestra empresa se tiene que abrir, si has leído su Teoría Violeta, cosa que dudo, verías muy claro tu porvenir en peligro, si queremos que el negocio de la familia no desaparezca, ella debería ser la que me sustituya a mi¨.
El Vicepresidente Tercero se recuperaba del susto y los tics. También él supo que su tío no estaba a la altura que se le suponía. Incluso vislumbró una oportunidad para sí mismo, algo que no había percibido nunca. Por fin se vio a la altura de los elegidos, ejecutivos del distrito financiero del bajo Manhattan donde se reúnen todos los días un buen número de depredadores. Sabía que por ser así es por lo que habían podido llegar hasta allí, y él había asistido en primera fila a la lección impartida por Violeta aquella mañana. Una reyerta entre ellos es a vida o muerte, era su instinto, intuían la oportunidad, no la desaprovechaban. ¡Qué subidón el que se experimentaba! Inigualable al de otra droga, y más cuando unos minutos antes se creía todo perdido. No, no habría piedad. Tampoco importaba que uno fuera un hombre corpulento y la contrincante una mujer débil. Ese instinto aparecía aunque fuera expresado de forma suave por una voz femenina.
Violeta esperó un poco para que su enemigo la pudiera escuchar. No tardaría en decírselo, en un instante, cuando terminara de levantar la cabeza para volverse a ver cara a cara.
-Señor, comprenderá que no voy a permitir que me insulte y amenace de la forma que acaba de hacerlo. Siento vergüenza de ser socia suya -¡boomm!, sus palabras sonaron como un golpe en los oídos de todos los que la escuchaban-, así que desde este momento mis acciones están a la venta, se las ofrezco por quince millones.-¡Boomm!, nuevo golpe-. En caso de que no las acepte, le hago una oferta del mismo importe por las suyas.
-¡Boomm!, otro más, sin piedad-. Solicito la intervención de este Consejo para resolver esta cuestión, que por otro lado es bien fácil, él o yo. -El adversario estaba ya con la rodilla doblada, en la lona, el árbitro intervenía a petición de Violeta, MENUDA ELEGANCIA LA SUYA-. Hago todo esto por el bien de Salomón Investiment Securities, a la que considero también mi casa, y que no debe verse perjudicada como lo sería de permanecer ambos aquí.
El único que no reaccionó a sus palabras fue el interpelado, el Vicepresidente Primero, estaba K.O., no se recuperaba, no había previsto lo que venía después.
¨Definitivamente no estás preparado¨, pensaron todos.
El presidente lo tenía más claro aún, tampoco lo estaría nunca; en cambio, ella ¨CHAPÓ¨.
El Vicepresidente Segundo y Tercero interiorizaban rápido. La situación podía cambiar de la noche a la mañana, tanto que hasta el último de los Vicepresidentes se atrevió a hacer un comentario, cosa que muy pocas veces ocurría.
-Está valorando al mismo precio sus acciones y las de mi tío, pero él tiene más del triple que usted.
-Efectivamente, pero tienen que tener en cuenta otros factores que van a comprender. En primer lugar, no voy a permitir que lo que acaba de ocurrir aquí hace un minuto vaya a quedar sin coste.
Silencio.
El Vicepresidente Segundo y Tercero sintieron miedo cuando escucharon esas palabras, y ella lo percibió.
-En mi propuesta ustedes serán los principales beneficiados. Si yo continuo en esta casa continuaré llevando mi parcela y me haría cargo de la de él. Me comprometo a que en tres años se dupliquen los beneficios. Tendrán mayor valor añadido, sus acciones valdrán más. Pueden regular penalizaciones como quieran si no consigo esos objetivos. Pero también quiero que se planteen una pregunta; si fuese al contrario..., ¿vuestro Vicepresidente Primero lo conseguiría?
Todos pensaban lo mismo, hasta el protagonista se sabía incapaz, mientras que en el caso de ella ocurriría exactamente lo contrario, nada más había que ver lo que acababa de ocurrir, se había atrevido a enfrentarse nada menos que al hermano del Presidente, en su casa, y era capaz de salir VICTORIOSA. Los tres Vicepresidentes sabían que tomaría por completo las riendas efectivas de todo el negocio y Salomón Siegman la dejaría hacer.
-Pero...
-Está muy claro -intervino el Presidente interrumpiendo al Vicepresidente Tercero.
-Gracias, señor -contestó Violeta dirigiendo una mirada amigable a su jefe, que acababa de alargar la línea de la boca.
Después volvió la mirada hacia el Vicepresidente Primero.
-En cuanto a usted, espero que considere esta oferta como la mejor que se puede hacer dadas las circunstancias. No quiero que salga mal parado, si la prensa tuviera conocimiento de las formas y maneras que usted tiene con una socia que además está embarazada, su reputación quedaría dañada para siempre, salpicando a su familia que no es culpable de nada. -Violeta volvió la mirada al Presidente, que la estaba observando con sorpresa y agrado-. Ahora me quisiera marchar, necesito descansar, volveré el lunes.
-Sí, por supuesto -dijo el Presidente sintiendo regocijo de estar al fin con alguien que consideraba a la altura de ocupar un puesto en el Consejo de Salomón Investiment Securities.
Nadie se atrevió ni a darle la enhorabuena por su embarazo.
-Gracias, señor.
Salvo el Presidente.
-Y enhorabuena por su estado, un motivo más por el que seguir luchando.
El sentido real de la sonrisa que apareció en el rostro de Violeta no fue el que captó Salomón Siegman. Pero ella solo volvió a repetir la misma frase.
-Gracias, señor.
Eficaz, sin prisas y sin perder el tiempo, clara, directa, concisa, Inteligente y lista. Una conjunción que era muy difícil que se produjera en una persona. Así era Violeta.
Salió tranquilamente. Sabía que su vida, desde ese instante, había cambiado, para bien o para mal, sin posibilidad de retorno, y lo aceptaba.
Solo el Presidente se fijó en ella al marchar. Los demás quedaron entre aturdidos y sorprendidos, mirando a la mesa, cada uno sopesaba su situación personal. Esperaron la reacción del Vicepresidente Primero, sin embargo, este continuaba fuera de combate, en aquel momento no era capaz de reaccionar aunque le siguieran golpeando. El Vicepresidente Segundo y Tercero la temían, no veían la posibilidad de sacar provecho ni con ese aumento de beneficio prometido. Una vez que ella tomara el mando tenían serias dudas de quedar como estaban, se sabían incapaces de seguir el ritmo de trabajo que seguro impondría. Ahora valoraban lo que tenían, intuían que serían desplazados. Sabían que en ese mundo la realidad final era exactamente lo contrario a lo que se prometía. Se veía como una nueva victoria, una reafirmación de poder solo al alcance del que puede, por eso los demás tenían que entrar por lo que finalmente decidiera el que lo tuviera. La palabras no existía. Con frecuencia los documentos firmados eran papel mojado, solo objeto de interminables discusiones y querellas que no terminaban en nada. Ella podía hacer que la realidad fuera todo lo contrario a lo que había dicho. En ese momento lo único que deseaban era que nada cambiara, pero ambos pensaban que tal vez eso ya no fuera posible. Vieron cómo su tío, el Presidente, dirigía la vista a su hermano. Negó con la cabeza. El Vicepresidente Segundo y Tercero se miraron, comprendieron claramente la situación.
-Por fin un consejo interesante, esto ya comenzaba a ser demasiado aburrido. Yo también os dejo. No olvidéis que, pase lo que pase, el negocio siempre es menor de edad, hay que resolver los problemas lo antes posible y continuar hacia adelante.
El Presidente abandonó la sala. Los tres Vicepresidentes se quedaron solos, no hablaban, los tres bebieron agua, tenían las bocas secas.
-Yo necesito algo más fuerte -dijo el Vicepresidente Segundo dejando resbalar por la mesa el vaso medio vacío.
Se dirigió a un mueble lateral de donde sacó dos vasos y una botella de whisky. Volvió y tomó asiento. Un vaso para el Vicepresidente Primero y otro para él, lo llenó un par de dedos. El Vicepresidente Tercero comprobó una vez más que no era tenido en cuenta.
-¿Cómo te encuentras, tío?
-Mal, esa guarra me ha hecho perder los estribos.
-Sí, has cometido un grave error.
-Me vas a tener que ayudar en esto.
De nuevo el Vicepresidente Tercero percibió que era desplazado.
-He comenzado antes de que me lo pidas. -Su tío lo miró con cara de extrañeza-. La he visto venir, pero tengo que reconocer que no esperaba que tuviera tanta fuerza... Va a ser difícil, he colocado micros en su despacho y hasta ahora es perfecta.
-Algún punto débil tiene que tener, por fuerza.
-No lo dudo, pero vamos a tener más dificultades que en ningún otro caso que se nos haya dado. Tú hablaste con Enrico Cacciatore la semana pasada, ¿no?
-Sí, le saqué el tema en plan de que tenía curiosidad, ya sabes..., oye, por cierto, te reuniste con Violeta..., y coincide con ella, me dijo que el motivo de la reunión era personal.
-También los míos la siguieron de cerca, y coinciden con lo que nos ha dicho hoy, él le mostró unos informes y pareció molesta, los rehusó, se ve que no quiso atender el asesoramiento; debemos reconocer que su comportamiento ha sido intachable. Tío, creo que con Cacciatore vas a tener otro problema, no debe confiar en ti, o tiene serias dudas, por eso a querido consultar con ella, al fin y al cabo fue la que lo consolidó como cliente cuando toda la competencia estaba intentando captarlo.
-No lo comprendo, era él quien quería asumir más riesgo, los beneficios han subido. No, no comprendo por qué quiere hablar con ella si todo va bien.
-¿No será que ha detectado otra cuestión?
-No, el cliente estaba muy consolidado, con toda la confianza, sabes que primero lo hacemos de forma esporádica, esperamos un tiempo más que prudencial, lo volvemos a hacer; y ya, si no somos detectados..., continuamos. ¿No habrá tenido cambio de Director Financiero?
-No, seguro que no, lo compruebo cada dos meses, es el de siempre.
-Lo que sí es verdad es que una vez que superamos la situación de bancarrota que se nos originó en el 2007, cuando la crisis financiera, debíamos haber abandonado este tipo de actuaciones.
-Pues tu hermano, nuestro querido tío y Presidente, actúa como si El Cielo no existiera. ¿Quién va a llevar esa parcela si no eres tú, o yo, o alguien de la familia?
-Sin embargo, parece que para él somos prescindibles.
-¿Y cómo lo va a hacer?
-No lo sé.
-Va a cerrar El Cielo y va a utilizar a la cristiana para hacerlo afirmó el Vicepresidente Tercero haciendo notar su presencia.
-No creo -contestó el Vicepresidente Segundo.
-Pues yo lo veo muy claro, actúa como si El Cielo no existiera de cara a nosotros, sabe que es su punto débil, es por donde se nos iguala, lo que le dice que estamos en el mismo barco. Ahora tiene miedo, pero cuando resuelva ese problema los tres seremos prescindibles. -Y nada más decir eso se dio cuenta de que ya posiblemente solo fueran dos, que su tío el Vicepresidente Primero ya no contara.
Silencio.
El Vicepresidente Tercero se levantó y se dirigió al mueble auxiliar. Cogió un vaso y volvió junto a sus familiares. Tomó la botella de whisky y se llenó hasta la mitad, dio un primer trago mientras se sentaba sobre la mesa.
-Yo no veo que mi tío tenga miedo -dijo el Vicepresidente Segundo.
-Pues lo tiene, y tú deberías de haberlo detectado, es tu especialidad -dijo con ironía.
Le molestó el comentario de su primo. Fijó en él la mirada, después la bajó hasta el vaso que mantenía entre las manos.
-Se supone que no puedes beber alcohol con la medicación que tomas, ¿no?
Esperó la contestación. No se produjo. Cuando alguien se rebela siempre hay uno que se suma u otro que inicia una nueva. Se prende la mecha de la revolución que amenaza con derribar el orden establecido. Se sienten con fuerza los que tienen algo que decir y nunca han sido escuchados.
Las miradas volvieron a cruzarse, esta vez duras. Ni un solo tic.
-Por favor -intervino el tío para calmar y evitar un nuevo lío, se le vio algo recuperado-. ¿Por qué dices que tiene miedo?
-Hace muchos años, cuando yo también supe lo que se hacía en las plantas de arriba, me dijo por qué tuvo que hacerlo: ¨Sobrino, debajo del miedo está el dinero, y yo superé ese miedo pensando en que se iba a la bancarrota la empresa que creó con tanto esfuerzo nuestra familia, así que decidí bajar a cogerlo¨.
-¿Y?
-Esa situación está superada, el negocio saneado y dando beneficios sin necesidad de seguir con el operativo. Ahora el peligro de cierre está en que nos puedan coger. Tiene miedo de eso y tal vez de nosotros. Tío, si prescinde de ti, que eres su hermano, nosotros no contamos. Ve en Violeta la posibilidad de limpiar todo y continuar como si nada hubiera sucedido, y además cree que esa mujer mejorará aún más Salomón Investiment Securities.
Pareció que se aclaraban las dudas. Mientras recapacitaban, el Vicepresidente Tercero tomó un nuevo trago, por fin había sido escuchado.
-Tío, ¿tú qué opinas? -preguntó el Vicepresidente Segundo.
-No sé, pero una cosa tengo clara, si hemos estado a las duras, también debemos de estar a las maduras. El negocio funciona perfectamente, es una maquinaria bien programada y engrasada, esa cristiana ya no nos hace falta, pero es más fuerte de lo que creía. ¿De dónde va a sacar los quince millones de dólares que me ha ofrecido por mis acciones? ¿De dónde? Ha ganado mucho dinero, pero le ha servido para pagar su vivienda, y después es verdad lo que dice de que no invierte a título personal para no perder la objetividad.
-De Enrico Cacciatore. -Solo escuchar ese nombre les hizo sentirse débiles-. Sería una forma indirecta de entrar en nuestro negocio, para él es una cantidad menor, y tu hermano estaría encantado de tenerlo de socio -comentó el Vicepresidente Tercero, que estaba ya lanzado dando su punto de vista.
-Tío, ¿tú que opinas? -volvió a preguntar el Vicepresidente Segundo manteniéndole aún el estatus y deseando escuchar que lo que había dicho su primo era descabellado.
-Pues tu primo siempre callado y escuchando es posible que haya acertado, es lo más lógico, todo cuadraría, es muy posible que esa sea la jugada.
-Para mí está muy claro -remató el Vicepresidente Tercero terminando el whisky, después deambuló por la sala de reuniones con las manos metidas en los bolsillos.
Los tres volvieron al silencio, cada uno volvía a analizar su situación personal. Al final, los tres llegaron al mismo razonamiento; veían en peligro sus puestos, sus ingresos. El que más tenía que perder era el Vicepresidente Primero. La oferta por sus acciones no era nada comparado con lo que perdería. Además, ese dinero lo recuperaría en poco tiempo.
-Parece que a mi hermano le da igual que este negocio termine en manos ajenas a nuestra familia. -El Vicepresidente Primero pareció comentar sus pensamientos en voz alta, tenía la mirada fija en un punto indeterminado-. La Presidencia terminará en manos de una mujer, y además no judía.
-Ella tiene que tener un punto débil -intervino el Vicepresidente Tercero-, ya lo decía el abuelo, a todas las mujeres les gusta que se las follen por el culo.
-Pues se ve que esta es especial, porque por ahí no se queda embarazada -ironizó el Vicepresidente Segundo, que pensaba que su primo ya estaba hablando de más y adquiriendo demasiado protagonismo.
-¿Puedo contar con vosotros?
-Ya sabes que sí, tío, somos familia. -Los dos afirmaban con la cabeza.
-Tenemos que resolver este tema como sea, sabéis que yo os compensaré, pero debemos actuar los tres con el mismo fin. Ellos ya son tres, y nosotros por separado ninguno tiene nada que hacer.
En el Down Town de Manhattan está el Distrito Financiero. Todos los días se producen guerras de poder y dinero, la más poderosa de las drogas, por la que viven y matan los seres humanos.

ANTONIO BUSTOS BAENA.

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