lunes, 6 de abril de 2015

EL SECRETO DE LEONARDO DA VINCI.


XVI

-Muy bien, Eiriann, la clase ha terminado. Practicar todos en casa durante el fin de semana.
Los pequeños comenzaron a recoger sus cosas y Paolo volvió la cabeza para verla. No existía nadie tan bella como ella. Todo lo que hacía parecía diferente, un halo que la envolvía, como en ese momento, una sonrisa, una breve bajada de párpados para decirle gracias a la profesora.
Después de echar un vistazo a la calle tras la verja y a los padres que estaban recogiendo a sus hijos, ella se sentó en el mismo banco que la vio por primera vez. Paolo pensó que estaba esperando a que la recogieran, dudó, pero finalmente se decidió.
-Hola.
-Hola -le contestó ella tras una breve mirada.
Estaba sacando un tablet del bolsillo de la mochila. Paolo observaba pero no decía nada. Ella estaba concentrada en la pantalla, parecía no encontrar lo que buscaba. Ahora sacó unos auriculares blancos, los conectó y se los colocó en los oídos. Al segundo pareció reparar en algo, y quitándose el auricular del lado en el que estaba Paolo se lo ofreció.
-¿Quieres?
-Bueno.
Ella tocó el play y orientó la pantalla hacia Paolo para que la pudiera ver mejor. Era una película de dibujos animados y a él no le gustaban, pero estaba a su lado. Todo en ella era distinto, especial.
Detuvo la reproducción y se giró hacia Paolo.
-¿No te ríes?
-No me gustan.
-¿Qué...?
-No me gustan los dibujos animados.
Ella lo miró extrañada.
-No conozco a nadie que no le gusten estos dibujos.
Paolo se encogió de hombros.
-Pero la música sí te gusta..., ¿verdad?
-Sí, la música sí.
-Participas poco en clase.
-Es que voy un poco atrasado, pero en cuanto coja el nivel...
-Mira, esta es mi canción favorita.
La niña buscó en su archivo de videos y pulsó uno. La música rítmica de una guitarra eléctrica comenzó a sonar mientras en la imagen aparecía la reja de una alcantarilla, y entre sus barrotes saltó al exterior una pelota de tenis. Detrás de ella fueron saliendo un montón de muñecajos, un perro, una serpiente..., que comenzaron a perseguir a la pelota por las calles reales de una gran ciudad. La realidad y la fantasía se unían a la música, también aparecieron los autores, que hacían tonterías mientras los muñecos salían de cualquier parte... Finalmente, Paolo también rió.
Se fijó en los datos del videoclip, eran Honeyroot con su canción Where I Belong.
-¿Te ha gustado?
-Sí, mucho.
Ella se le quedó mirando fijamente durante unos segundos.
-Te llamas Di Rossi, ¿no?
-Sí, Paolo Di Rossi.
-¿De dónde eres?
-He nacido aquí, en Manhattan, pero mis padres vinieron de Italia.
-Yo he nacido en Irlanda, como mis padres.
Paolo la estaba mirando, no conocía a nadie de Irlanda, eso debía ser, el toque peculiar de los nacidos allí la hacía distinta.
-Mi nombre es Eiriann, ¿sabes lo que significa?
-No -dijo al mismo tiempo que negaba con la cabeza.
-Significa ¨nacida en Irlanda¨. Mi país es muy bonito.
Y entonces Paolo pensó que efectivamente debía ser un país realmente bello, con un idioma que era capaz de recoger en sus nombres un detalle como ese: ¨Eiriann, nacida en Irlanda¨.
Paolo recordó la canción que acababa de escuchar.
-Pon el video de nuevo, por favor.
Y comenzó a sonar. Su gesto era ahora más alegre, le hacían más gracia los muñecos y, no solo eso, la canción adquirió en esos momentos un sentido que antes no tenía. Where I Belog -Donde yo pertenezco-. Sintió unas sensaciones en su interior hasta ese momento desconocidas.

ANTONIO BUTOS BAENA.

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