domingo, 12 de abril de 2015

EL SECRETO DE LEONARDO DA VINCI.

CAPÍTULO XVIII

Sonó el timbre de la puerta. Violeta se dirigió hacia ella y abrió.
-Hola, buenas tardes, quería pedirle disculpas.
-Buenas tardes, señor Kipling.
Él presentaba un gesto afable. Ella le miró seria, pero este hombre de pelo y barba blanca mantenía la sonrisa. Tras un momento de indecisión, recapacitó sobre su actitud de unos días atrás. Y es que viéndolo le resultaba difícil pensar mal, de hecho, todo comenzó porque se prestó a ayudarla con las bolsas del súper.Ese recuerdo terminó por hacerla reconsiderar su postura y, finalmente, le dedicó el principio de una sonrisa, aunque algo forzada.
-Tal vez sea yo la que deba pedirle disculpas.
-Lo siento,, ya no es posible, la iniciativa la he tomado yo. Violeta se relajó un poco-.Además, me he atrevido a traerle un regalo, espero que no me lo reproche.
El señor Kipling adelantó la mano y ante ella el papel elegante con cinta dorada que remataba en un lazo.
-¡Oh!, por favor,no sé qué decirle, no debía...,de verdad..., siento mi comportamiento, no fue el adecuado.
Realmente la había sorprendido.
-No se preocupe, la entendí perfectamente.
Violeta lo tomó, le hizo ilusión, hacía tiempo que no se acordaban de ella con un detalle.
-Por favor, pase, ¿me aceptaría un café?
-¿Al estilo italiano?
-Por supuesto. -Ella hizo un gesto afirmativo con la cabeza mientras mantenía la sonrisa.
-Me encantará.
Se adentraron en el apartamento.
-Siéntese aquí, en dos minutos le traigo su café, ¿cómo le gusta?
-Por favor, un espresso pequeño, concentrado, como solo lo he probado en su país, ese que ponen en unas tacitas que apenas son más grandes que un dedal.
-Tengo esas tazas.
-¡No me diga!, pues un mini espresso con una puntita de azúcar.
Al poco apareció Violeta con una pequeña bandeja donde lo que más se veía eran unos pastelitos de hojaldre. El señor Kipling estaba alegre y su humanidad, siempre presente en su figura,llenaba el salón.
-No pensé que volviera a probar este café y los dulces italianos, sois unos verdaderos artesanos de la cocina, bueno, ¡qué digo! -a su mente vinieron grandes nombres-, y de todo lo que se llame arte.
-Espero que le guste -dijo ella sentándose también.
-¡Oh!,delicioso.
-Lo voy a abrir -comentó cogiendo el regalo.
-¡Oh!, por favor.
Se sorprendió. Era una pequeña lámina enmarcada, pero de inmediato le resultó muy llamativa.
-¿Le gusta?
-Sí, muchísimo, tiene fuerza.
Tiene belleza, fuerza, amor de madre, todo corazón. Así es como la vi yo el otro día.
-¡Oh!, gracias; pero seguro que me vio peor que a esta mujer.
-No, la vi igual, fíjese en los brazos en jarras.
-¡Es verdad! -Violeta observaba y sonreía mientras afirmaba con la cabeza.
-Y la intensidad, la fuerza que le da el color rojo que predomina, pero sobre todo el corazón, fíjese cómo lo distingue destacándolo sobre el resto, desprende amor. Una mujer todo corazón.
-Por favor, señor Kipling, me voy a poner roja yo también.
Estaba verdaderamente sorprendida, comprendía lo que decía su vecino y los paralelismos que se daban con ella... desde el punto de vista de su vecino.
-Es un dibujillo de Paul Klee -dijo, después dio un sorbo al café.
-¡¿Cómo dice eso...?! -El señor Kipling aún tenía la pequeñísima taza pegada a los labios, y se encogió de hombros. ¡Es un gran cuadro!
-Entonces creo que he acertado -sonrió contento-,porque este hombre solía pintar e dimensiones reducidas.
-¿Cómo lo tituló?
-La Reina de Corazones,lo pintó en 1922.
-Va a hacer cien años.
-Sí,los sentimientos maternales de la mujer no han cambiado, afortunadamente -dijo tomando otro pastelito.
-Pero el rostro es un poco felino, ¿no?
-¡Ah!, se ha dado cuenta. Le gustaban mucho los gatos, lo aplicaba a sus dibujos interrelacionándolos con la mujer. No hay que olvidar que antiguamente las egipcias se pintaban los ojos rasgados por su adoración a estos animales, y eran gatas la diosa de la guerra, la de la fertilidad, la de la alegría, la de la maternidad, la guardiana del hogar y la defensora de los hijos. A principios del siglo XX las grandes tendencias pictóricas encontraban nuevos caminos, pero siempre con un recuerdo del arte primitivo, como Picasso y sus constantes referencias africanas. Posiblemente esa fue la conexión de Paul Klee.
-Es verdad, tiene gran fuerza a pesar de lo pequeño afirmó Violeta, que en dos cortos sorbos se tomó todo su café.
-Me alegra haber acertado, quería que supiera cómo la vi el otro día, y la comprendo.
-Gracias, me ha gustado mucho, y ahora sé que me equivoqué al interpretar sus palabras.
-No se preocupe, ¿sabía que también fue un gran músico?
-¿Paul Klee?
-Sí, Violinista, desde niño fue considerado como un virtuoso, llegó a tocar en la Orquesta Sinfónica de Berna, de la que su padre era Director; pero lo dejó, tengo la impresión de que no le gustaba destacar.
-Pues Paolo nos pidió estudiar música y está muy contento.
-Creo que a Paolo le debe de ocurrir lo mismo que a Paul Klee, que tampoco desea destacar.
Violeta de inmediato recordó las palabras del grupo de psicólogos unos años atrás, en el sentido de que Paolo les mentía cuando le hacían los test.
-¿Usted cree?
-Sí, cuando lo veo caminando por la acera, con ustedes, desprende libertad. Pero cuando aparecemos los demás se convierte en retraído, salvo cuando se le habla sobre cosas que le interesan y él no percibe que se le está examinando..., se olvida y aparece con naturalidad su inteligencia. Es increíble que un niño de su edad vea, comprenda, y diga lo que le escuché el otro día.
-¿Sobre sus fotografías?
-Sobre todo, lo capta todo, lo filtra y lo interioriza junto a otras enseñanzas que ya tiene, con una naturalidad y una lógica que yo no he visto en mi vida. Además... ¡es que tiene criterio personal propio sobre conceptos abstractos, a su edad!
-Bueno..., tiene gran curiosidad por algunas cosas, y también una memoria increíble.
-Eso es signo de inteligencia, pero hoy no le quiero hablar de su mirada.
-No, por favor, de su mirada ya me habló bastante. -Ella sonrió y le hizo un gesto de reproche amistoso mientras cogía un pastelito.
-Violeta, usted habrá oído hablar de las inteligencias múltiples.
-Sí, algo he escuchado, creo que se está aplicando en algunos colegios donde se imparten las materias en función de las características de los alumnos, enseñándoles desde los puntos de vista para los que están más dotados.
-Efectivamente, se trata de que hasta ahora la inteligencia se había visto como una, pero en este momento es aceptada la teoría de Howard Gardner que manifiesta que hay distintos tipos de inteligencia, además, independientes las unas de las otras.
-Lo que me sorprende de mi hijo es que desde pequeño se ha comportado de una forma muy madura. Jamás ha cogido una rabieta. Además... escucha todo lo que le decimos.
-Creo que Paolo genéticamente tiene una buena base, pero la educación y los conocimientos que le habéis dado han influido enormemente. Me estuvo hablando de cómo se construía en Nápoles antes.
-¡Ah!, ¿sí?, eso se lo comenté hace mucho tiempo. Violeta se quedó pensativa-, siempre le han atraído muchísimo las construcciones.
-Pues me estuvo hablando de cómo excavaban y extraían del mismo solar sobre el que se construía los materiales necesarios, también me habló de que el hombre, cuando muere, se convierte en tierra.
-Polvo eres y en polvo te convertirás. Sí, en algún momento se lo habré dicho.
-¿Se da cuenta?, lo interrelaciona todo, me estaba hablando de metafísica, de la esencia de las cosas y de que el principio de todo es la tierra, de que todo y todos estamos hecho de lo mismo..., eso no es normal.
-¿Qué me dice, que va desarrollando él mismo sus propias ideas basándose en las distintas explicaciones que le damos?
-Así es..., y no creo que se haya puesto a leer sobre estos temas, que también sería extraño a su edad.
-Por supuesto que no, su aprendizaje es más bien visual. Creo que él saca sus propias conclusiones. De vez en cuando nos pregunta sobre algo muy concreto, pero después es muy callado con respecto a su mundo interior.
-Independientemente de que sea inteligente, lo que me llama la atención es precisamente cómo interrelaciona todo y lo mete dentro de una lógica, como cada pieza de un puzle, que tiene que coincidir su forma con las piezas que le rodean. No es solo una inteligencia matemática o lingüística, que son las que siempre se han tenido en cuenta, estamos hablando de inteligencia espacial y natural como nunca antes he apreciado en nadie.
-Sin embargo, los psicotécnicos son normales.
-Primero habría que ver cuáles y cómo están formulados esos psicotécnicos, y en segundo lugar habría que analizar cómo piensa su hijo de que le evalúen su mundo interior, que es suyo, como él lo entiende, y de nadie más.
-Es posible que no se quiera dejar evaluar.
-Eso es exactamente lo que le estoy diciendo,
-Me está preocupando.
-¿Por qué?
-Me está describiendo a mi hijo de una forma que no lo conozco.
-Los padres nunca conocen del todo a los hijos, a veces incluso son los que menos. ¿Conocemos realmente a la persona con la que compartimos media vida? Todos tenemos nuestros secretos.
Violeta volvió a estar pensativa, interiorizó con respecto a ella misma esas palabras. Su vecino la miró.
-Tampoco me tome my en serio, yo solo me preocuparía de que Paolo fuera feliz.
-Creo que lleva razón, no sabe cómo le agradezco su visita de esta tarde, por todo.
-Me alegro, ha sido muy agradable tomarme este café maravilloso. Y Violeta..., siempre que me necesite..., vivo enfrente.
-Gracias, señor Kipling.

ANTONIO BUSTOS BAENA.

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