sábado, 21 de marzo de 2015

LA INGESTIÓN DE NUEVOS ALIMENTOS: 5 A 6 MESES.


  Por regla general, los nuevos alimentos comienzan a ser facilitados a partir de los 5 o 6 meses de vida, si bien es cierto que ¨cada bebé es un mundo¨ y hay que vigilar en especial su desarrollo psicomotriz para comprobar que es capaz de succionar de la cuchara y, más tarde, masticar. No hay que acelerar la ingestión de alimentos, ya que se corre el riesgo de facilitar alteraciones digestivas, e incluso cierto rechazo a los productos que se desee incluir en la dieta. Este proceso es lento (dura casi dos años) pero seguro, ya que sigue un orden muy concreto en la ingestión de cada alimento.

Hay ciertas reglas generales que recomendamos seguir: tiene que ser la madre la que facilite la introducción de cada nuevo producto, ya que esto le otorga confianza; hay que darle al bebé las primeras papillas con tiempo y paciencia; es necesario procurar los momentos del día o de la semana que mejor le vengan a la madre, y cuando más tranquila esté; da igual el momento del día que ella elija para probar un nuevo alimento (el intestino del bebé carece de preferencias).

Con la ayuda de la madre, será el pediatra quien indique el momento en el que se le pueda dar papillas, siendo las primeras en ser utilizadas aquellas que estén elaboradas con cereales sin gluten. Dato; cuando el bebé se quede con hambre por la noche, después del último biberón, está indicando que ¨ ya necesita otras cosas ¨. Por lo general, las papillas deben estar bien trituradas porque el bebé comienza a comer de la cuchara. Aun cuando hasta los 8 o 9 meses no mastica a la perfección, desde este momento se le podrá alimentar con otro tipo de papillas menos trituradas y potitos. Es importante introducirle en la masticación, ya que de lo contrario puede ¨ aferrarse ¨ a las papillas y durante los siguientes años no procurará, por comodidad, otro tipo de alimento.

Las primeras papillas tienen que ser de cereales sin gluten, para tratar de evitar con ello el desarrollo de alteraciones intestinales y de alrgias por efecto de esta sustancia. Hay que recordar que el gluten también se encuentra en el pan y la mayoría de las galletas, razón por la cual no se le deben dar al bebé estos productos para que los mordisquee (es necesario esperar hasta los 7 a 8 meses, cuando se aportan papillas elaboradas con cereales con gluten).

Como podemos comprobar, los cereales son el alimento fundamental a introducir en estos meses, esto se debe a que son muy energéticos, y tienen proteínas, minerales (hierro) y vitaminas (complejo B). En un principio, todos los lactantes digieren con cierta dificultad estos cereales, e incluso modifican sus deposiciones, pero pronto acaban acostumbrándose. Lo que nunca hay que hacer es añadir a la papilla más leche de la debida, ya que por querer darle ¨ un poquito más ¨ se le puede sobrecargar el aparato digestivo, e incluso el riñón.

La papilla de frutas es otro de los alimentos a introducir a partir de los 6 meses de edad, sobre todo cuando las de cereales son bien admitidas. Los primeros días hay que proporcionarle poca cantidad, unas pocas cucharadas, y no insistir en caso de que las rechace. Para elaborarlas, hay que lavar las frutas previamente, quitarles la piel, eliminar las semillas o pepitas que se encuentren en su interior y mantenerlas a una temperatura adecuada. Las primeras papillas de frutas incluyen poca cantidad. Por ejemplo, media manzana, medio plátano bien maduro y un poco de leche o de agua tibia.

También a partir de los 5 o 6 meses el bebé puede consumir pequeñas cantidades de papillas de verdura, en especial las derivadas de productos de color blanco y anaranjado, ricos en betacarotenos (importantes para el sistema inmunitario y cualquier otro tipo de elementos defensivos); patata, calabaza, zanahoria, calabacín, e incluso puerro. Más tarde, hacia los 10 meses, se puede recurrir a las verduras de color verde (hay que esperar un poco más, ya que poseen más fibra, son más difíciles de digerir y facilitan la formación de gases). Para elaborar estas papillas es fundamental seguir los pasos citados en el caso de las frutas; coser o hervir con poca sal, elaborar el puré con un poco del agua de la propia cocción, triturar, añadir un poco de aceite de oliva virgen y otro poco de la leche que habitualmente utiliza el bebé. Es importante recordar que este tipo de papillas se oxida con facilidad (pierden muchos de sus nutrientes), y que guardadas en el frigorífico no sólo no sirven de nada, sino que, además, cambian de sabor y se tornan desagradables (suponiendo que, como sucede cuando se las tiene más de 12 horas en el frigorífico, no desarrollen elementos que pueden ser tóxicos).

La yema del huevo y algunos derivados lácteos pueden ser introducidos asimismo a partir de los 5 o 6 meses. En el caso del huevo, sólo hay que aportarle una parte de la yema cocida, no más de una cuarta parte dos veces por semana. Hay que esperar hasta los 11 o 12 meses para que puedan utilizar toda la yema e incluso la clara, sin llegar a superarse medio huevo entero por semana. En lo que se refiere a los derivados lácteos elaborados a partir de la leche adaptada para bebés, se pueden encontrar quesos frescos y yogures. Sólo a partir de los 12 meses conviene aportarle derivados lácteos normales o habituales.

Por lo general, la carne es introducida a partir de los 7 meses. Bien blanca (pollo) o roja (ternera, vaca, añojo), es bien aceptada cuando se prepara en pequeñas cantidades (20 g), ya sea en la plancha o cocida. En todo caso, en un principio hay que triturarla y mezclarla con las papillas de verduras. El pescado debe esperar hasta los ocho meses, aproximadamente y se elabora en forma similar a la carne.

Por último, las pastas, el arroz y las legumbres pueden comenzar a ser preparados a partir de los 10 0 12 meses. Se trata de alimentos con elevado valor energético y agradable sabor para el bebé, que se digieren con facilidad y que, en forma de puré, son rápidos de asimilar con cierto gusto.

TXUMARI ALFARO
PEDRO RAMOS.

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