viernes, 23 de enero de 2015

VIVIR ES UN ARTE.


Estos grandes artistas iluminan el mundo
con sus palabras, sus acciones
y su talento para la vida

En la tierra existe una multitud de artistas. No pintan grandes cuadros, ni esculpen estatuas memorables, ni tampoco escriben poemas inmortales. Su talento es al mismo tiempo más sencillo y más precioso; poseen el don de saber vivir. Sus palabras y sus acciones elevan el espíritu. Saben abrir caminos en la desesperación, en la enfermedad, en la soledad, en el desencanto y en la monotonía del trabajo cotidiano. Ejercen su arte en silencio, sin afectación, casi siempre inconscientemente, sin ganar ni esperar glorias ni días dedicados en su honor. Y, sin embargo, su actitud ante la vida ilumina el mundo.

LOS ENTUSIASTAS. Ellos nos enseñan que disfrutar es tan importante como crear.
Mientras esperaba a un jardinero que había de plantarme un arbusto, me preparé para entendérmelas con un hombre taciturno, recomido de compasión por sí mismo por no haber llegado más alto. Seguramente trabajaría en silencio, malhumoradamente, molesto de que me quedase allí para asegurarme de que ponía la parte mejor del arbusto en la posición correcta. Quizá tendría prisa por marchar a otro sitio a ganar más dinero.
Era joven, lleno de vida, curtido por el viento. Al bajar de su camioneta me dijo; ¨ ¿ Es usted la señora que quiere plantar un lilo ? ¨ No dijo ¨ arbusto ¨, ni ¨ matojo ¨, sino ¨ lilo ¨, apreciándolo en todo su valor.
Al clavar la pala en el terreno por primera vez, empezó a hacer un panegírico; ¨ ¡ Qué tierra más buena ! ¡ Fíjese como se maneja ! ¨ Los músculos del brazo se le marcaban al sacar las primeras paletadas. ¨ No me importaría estar todo el día cavando agujeros ¨, dijo sonriendo abiertamente y Parándose a mirar el sol, las nubes, la estela de un reactor en el cielo. Se oyó el canto de una codorniz, y él respondió. pa Los niños del vecindario vinieron a verle trabajar. El habló con ellos, les dejó que le ayudaran a echar la tierra al agujero, les enseñó a abrigar las raíces con ella, como si el hecho de preparar una planta para que creciera bien encerrase todo el arte de vivir.
El jardín se llenó de una paz profunda y extraña. Vimos mariposas que no habíamos advertido anteriormente. Escuchamos el canto de los grillos. Cuando se fue, me lo imaginé acudiendo a otros muchos lugares, deseoso de poner un remiendo de alegría en un mundo que de otro modo podría estallar por las costuras.

LOS AMISTOSOS. Estos son como centinelas amigos que nos responden alegremente cuando les llamamos desde nuestra soledad a través de la distancia que nos separa. Algunos nos saludan desde lejos; un campesino, desde su tractor; un obrero de la construcción, desde lo alto de un edificio; niños que pasan en un autobús escolar; personas extrañas que nos dicen con su gesto; ¨ Te veo. Te oigo ¨, Otras contestan el teléfono con un ¨ diga ¨ que tiene una resonancia, una especie de añadido silencioso como; ¨ Me alegro mucho de que hayas llamado, quien quiera que seas ¨.
Cuando mi hermana y yo éramos pequeñas andábamos varios kilómetros por carreteras polvorientas y calurosas para sentarnos junto a la vía del ferrocarril con la esperanza de que alguien nos viera y nos dijera adiós al pasar el tren. Algunos lo hacían. Y nosotros lo devolvíamos anhelantes hasta que el convoy desaparecía. Al volver a casa lentamente saboreábamos la deliciosa sensación de nuestro contacto con el resto del mundo. ¨Me recuerda¨, dijo Lou una vez, ¨ que alguien sabe que estamos aquí ¨.

LOS SENCILLOS. Ellos nos aclaran las complejidades de la vida y ayudan a tejer de nuevo el tapiz de la sencillez. Saben enajenarse de la esclavitud de las complicaciones y las cosas triviales para así acercarse al rescoldo de la divinidad y reavivar su fuego.
Un día de verano llega a mi puerta la vendedora de bayas. Tiene la cara tostada por el sol, las mejillas sonrosadas y un halo de tranquilidad y plenitud. Su escuela han sido los rincones de las cercas, el canto de los pájaros, los prados soleados y el crecimiento de las cosas. La primera vez que vino me dijo: ¨ Las bayas crecen en sitios difíciles, pero yo barro con el pie así ¨, y describió un arco grande, como lo haría con un rastrillo, ¨ y despacio voy doblando las hierbas altas, las que arañan la piel y las zarzas nudosas. Luego hago lo mismo con el otro pie. Es como si las bordase haciendo un cojín sobre el que se puede andar, y uno se sube encima para ver lo que está más allá, dejando debajo todos esos enredos ¨.
Se rió, se ruborizó, y dijo con los ojos brillantes; ¨ Con la vida es igual. Hay que doblarlo todo por debajo y seguir subiendo ¨. ¡ Qué sensación de vida y aventura desprendía aquella vendedora !

LOS REALISTAS. Nos muestran la belleza que encierra mirar la vida con honradez y enfrentarse a las pruebas más duras sin temor.
Entre esas personas está mi amiga, ya vieja y casi inválida, que sufre de un dolor constante en las rodillas. Voy a buscarla para llevarla a una reunión. Trabajosa pero alegremente, se levanta para buscar los guantes. Como respuesta a mi expresión que delata la idea de que buscar los guantes no vale la pena cuando se tiene dolor de piernas, me dice; ¨¿ Y qué tiene que ver el dolor con mis guantes ? ¨
Se pone los guantes con dignidad y ya nos podemos ir. ! Cómo debe sufrir su viejo enemigo, el dolor, ante la indignidad de ser comparado con un par de guantes y salir perdiendo ! La próxima vez que intente interponerse en mi camino le daré un golpe como éste.
Una persona que visitaba un hospital entró por error en la habitación de un enfermo, y se quedó un rato, interesándose por aquel extraño. Su rostro estaba surcado por las preocupaciones; las manos, envejecidas y endurecidas por el trabajo; pero su actitud, sus modales y sus palabras comunicaban el mensaje de que lo único importante era el don de la vida. ¨ Yo pienso ¨, dijo, ¨ que los tiempos difíciles son como puertas que se abren con más dificultad que otras. Pero las puertas más herméticas son a veces las que encierran los lugares más maravillosos. No se puede juzgar una puerta hasta que se ha abierto y se ha traspuesto ¨. Aquellas palabras, talladas en el mármol de la vida del visitante, tienen un lugar en mi corazón junto a las sentencias de los más sabios filósofos.

LOS FUERTES. Son firmes y se mantienen como rocas sosteniendo a la humanidad tambaleante.
Jimmy se llevó algo del patio de su colegio. Lo robó.
_Tengo que devolverlo y confesar lo que hice _le explica a su amigo.
_Iré contigo.
_No; tengo que ir solo _dice Jimmy, con un escalofrío que le recorre todo el cuerpo.
Su amigo piensa en silencio, frunciendo el ceño. Luego dice:
_Entonces, te acompañaré hasta la puerta y esperaré a que salgas.

Estos, y otros muchos, son los artistas cotidianos que se mueven como lanzaderas por nuestra trama ayudándonos a tejer nuestro paño común. Son como muelles que nos protegen suavemente de los golpes, del cinismo.
Un pintor necesita de su lienzo; un músico, de su instrumento. Pero tomar la invisible materia de la vida y moldearla de modo que despierte la sensibilidad de los demás, fortalezca su fe, haga su amor más profundo, o cemente su valor, eso también es un arte.
POR  JEAN  BELL  MOSLEY

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