sábado, 31 de enero de 2015

ORFANATO DEL MUNDO.

Para estos niños, los más desvalidos de la Tierra, la vida comenzó realmente el día que pusieron el pie en suelo belga.

Poco después de la llegada de un Caravelle a Bruselas, procedente de Amsterdam, y microbús rojo y blanco que transportaba los pasajeros del avión se detenía frente a la puerta principal del aeropuerto Zaventem. Del vehículo surgió una ¨tromba¨ de niños de tres a ocho años de edad, todos de ojos orientales y cabellos negros como el azabache. Cogiéndose lo más fuerte que podían a las faldas de las cuatro jóvenes que los acompañaban, entraron apresuradamente en el edificio con aire desconcertado y aprensivo. Sólo cincuenta horas antes, se encontraban aún en Seúl, Corea del Sur.
Cuando, cruzaron hall, se dirigieron rápidamente hacia la cercana oficina de la policía, una repentina oleada de emoción sacudió a un grupo de unos cuarenta hombres y mujeres que esperaban con los brazos cargados de mantas y golosinas. Estas personas fueron pasando por parejas a la oficina de policía del aeropuerto. Momentos después, cada pareja salía con un pequeño. A juzgar por sus gozosas expresiones y la ternura con que abrazaban y apretaban contra el pecho aquellas cabecitas obscuras, cualquiera habría supuesto que se trataba de una reunión familiar largamente esperada.
Pero no era nada de eso; ninguno de esos matrimonios belgas había visto antes al niño que esperaban con tanta impaciencia. Los veinte pequeños surcoreanos eran huérfanos a quienes habían adoptado sin verlos las familias belgas que allí los recibían.
Apenas pasa una semana en el aeropuerto Zaventem sin que se desarrolle una escena semejante. En los últimos cuatro años, Bélgica, uno de los países más pequeños de Europa, ha recibido en sus hogares a más de un millar de huérfanos, más que Alemania Occidental, Italia y Francia juntas. Todos los niños proceden de países desesperadamente pobres (India, Vietnam, Corea del Sur), donde veían amenazadas constantemente sus existencias por las enfermedades, el hambre y la guerra.
Este historial tan extraordinariamente caritativo es obra de una asociación absolutamente no partidista ni confesional, denominada ¨ TERRE DES HOMMES: BELGIQUE¨ (¨TIERRA DE LOS HOMBRES: BÉLGICA¨), FUNDADA EN BRUSELAS POR ROSY Y RENÉ BORN. La familia de ROSY es oriunda del Líbano, y su marido nació en Suiza, pero ambos han adoptado una nueva patria, una tierra trágicamente vasta de fronteras vagamente señaladas; Cualquier país en el que la muerte se la constante compañera de un niño.
NACE UN SUEÑO. Todo comenzó hace unos veinte años. Al no poder tener descendencia propia, el matrimonio BORN decidió adoptar un niño en 1950, RENÉ BORN era entonces director gerente de una importante compañía de seguros. Rosy, antigua enfermera, reunía todas las cualidades y aptitudes que se espera siempre encontrar en una madre. Jamás se les ocurrió que tropezarían con dificultad alguna para adoptar un niño.
Pero la desilusión llegó pronto. Su primera tentativa dio lugar a una abrumadora procesión de esfuerzos infructuosos, retrasos agotadores, humillantes repulsas en varios países europeos. La aparentemente interminable serie de fracasos indignó a ROSY Y RENÉ, pero no logró enfriar su entusiasmo. Puesto que nadie estaba dispuesto a confiarles una sola vida infantil, decidieron consagrar todo su tiempo disponible a ayudar a tantos niños como les fuera posible de aquellos que vivían expuestos a la muerte por inanición. Así, a principios de 1961, en Bruselas, donde vivían entonces, fundaron ¨TERRE DES HOMMES: BELGIQUE¨. Su propósito declarado era el de buscar fondos y auxiliares voluntarios para ayudar a los niños que vivían en países subdesarrollados.
Luego, a finales de la primavera de 1961, una simple carta amplió los objetivos de la organización. Una monja amiga de ROSY, que entonces de hallaba en la India, le escribió hablándole de la terrible miseria de los pequeños asilados de un orfanato de Bombay. En la carta incluía una fotografía de dos niñas de unos veinte meses encontradas vagando por la calle. ¨Para nosotros, la carta llegó¨, declara la señora Born. ¨como llovida del cielo. Pensamos que, por fin, nuestro sueño de adoptar un niño podría estar a punto de hacerse realidad¨.
La noche del 14 de octubre de 1961, al pie de la escala de desembarco de un boeing 707, ROSY y RENÉ abrieron los brazos para recoger en ellos a YASMINA y SANDRA, las hijas que recibían del otro confín del mundo. Millones de familias belgas contemplaron la escena por televisión. Y, durante la semana siguiente, llovieron sobre la casa de los BORN docenas de cartas. Todas ellas, con palabras distintas, hacían la misma pregunta: ¨También nosotros hemos intentado en vano proporcionar la felicidad a una criatura huérfana. ¿Pueden ustedes ayudarnos?¨
AMOR PARA LOS QUE NO LO TIENEN. Por haberse estrellado ellos mismos con tanta frecuencia con obstáculos oficiales, los BORN decidieron hacer cuanto pudieran, a pesar de leyes y fronteras nacionales, por unir a los niños carentes de amor con matrimonios ansiosos de dárselo. ¨TERRE DES HOMMES¨ estableció un servicio de adopción a principios de 1962. Al año siguiente, RENÉ pasó sus vacaciones recorriendo Asia y visitando unos quince orfanatos católicos, protestantes y budistas del Vietnam y de la India. La miseria que halló en todas partes era desgarradora; de dos mil a tres mil niños se aglomeraban en insalubres locales, cuidados por personas que trataban de suplir con devoción lo que les faltaba en número, medios y capacidad.
Sin embargo, tan pronto como planteó el tema de la adopción, BORN tropezó en Asia con los mismos argumentos y papeleo que ya había padecido en Europa. Pero gracias a sus extensas relaciones entre el personal de las embajadas belgas, el embajador de ¨TERRE DES HOMMES¨ obtuvo acceso a influyentes círculos de Saigón y Bombay. Logró persuadir a cierto número de orfanatos a prestar benévola atención a unas cuantas solicitudes de adopción. Y, en un espacio de tiempo relativamente breve, el ritmo de las adopciones comenzó a aumentar con celeridad. A partir de 1967, el número creció considerablemente; hasta 250 en el año 1971.
¨TERRE DES HOMMES: BELGIQUE¨ tiene ahora oficinas propias; tres pequeñas pero alegres habitaciones en la AVENIDA PAUL DESCHANEL, donde se reciben anualmente unas doscientas mil solicitudes de adopción. Artículos de periódicos y revistas, reportajes de televisión y una serie de llamamientos públicos han movilizado un equipo de diez auxiliares voluntarios para los BORN.
SELECCIÓN DE LOS PADRES. Cada solicitud requiere un trabajo considerable. Ante todo, hay que asegurarse de que los candidatos reúnen todas las condiciones que prescribe la ley belga; un miembro del matrimonio debe tener por lo menos treinta años de edad, y la pareja debe llevar casada un mínimo de cinco años.
El personal de ¨TERRE DES HOMMES¨ establece siempre contacto directo con las familias. Algunas de las ayudantes de ROSY BORN, que efectúan las investigaciones de la situación de los matrimonios solicitantes, son ellas mismas madres adoptivas. Son absolutamente indiferentes a los credos políticos y religiosos y hasta al nivel cultural de los candidatos. Para valorar una valoración precisa de un ambiente familiar, realizan frecuentes visitas inesperadas, aceptan invitaciones a comer, charlan con los hijos de la familia cuando los hay, y entrevistan a los abuelos e incluso a los tíos.
Por su parte, las familias elegidas por la asociación están generalmente decididas a no dejar que nada se interponga en el camino del logro de sus aspiraciones. Esto incluye los gastos, que no son, ni mucho menos, insignificantes. Por ejemplo; el pasaje aéreo (18.100 francos belgas unas veintisiete mil pesetas_de Seúl a Bruselas) y los gastos legales y médicos, lo cual asciende a un total de unos 32.000 francos belgas (47.000 pesetas aproximadamente). Esta clase de desembolso representa normalmente un verdsadero sacrificio, puesto que los aspirantes son, en su inmensa mayoría, familias de ingresos no muy elevados. La familia O., de Charleroi marido y mujer son empleados de banca_, ha tenido que renunciar a sus vacaciones el año pasado para pagar los gastos de LYI, SU PEQUEÑA COREANA. Los dos hijos, de once y quince años, de la familia G., de Mons, sugirieron que se retrasara un año la pintura de su habitación ¨para pagar el viaje de la hermanita¨ que esperaban.
La tortura más grande para los padres adoptivos es la espera. Pueden transcurrir largos meses entre la aprobación de una solicitud y la llegada a Bélgica de la criatura. La primera impresión que tienen del huérfano es una fotografía que les da la asistente que ha realizado la investigación de su situación económica y demás circunstancias. Todas las madres que han tenido esa experiencia me han confesado que ¨es un momento de inolvidable gozo¨. La fotografía, con su marco, se coloca en el aparador del comedor; y a veces se hacen copias para repartirlas entre los demás miembros de la familia.
Pero la alegría cede pronto a la ansiedad; todos empiezan a experimentar una terrible sensación de amor frustrado, de impotencia, que sólo pueden describir aquellos que han pasado por dicho trance. ¨Cuando una madre lleva un hijo en su seno, sabe que nadie se lo puede arrebatar¨, explica Marie Thérese Dauphin, esposa de un químico y madre de tres hijos propios. ¨Pero ¿cómo asegurar la vida de ese otro hijo que ya ama y que todavía está tan lejos? Recuerdo que, todas las mañanas, cuando preparaba el desayuno de mis niños antes de que se fueran al colegio, pensaba en KIM (que seguramente estaría padeciendo hambre) y lloraba de rabia por mi imposibilidad de acudir en su socorro¨.
AYUDA REPARADORA. La mayor aventura de todas empieza cuando el huérfano llega a su nuevo hogar. Aun a los tres o cuatro años de edad, un viaje en avión no basta para borrar de su mente los recuerdos del pasado. Después de tantas miserias y penalidades, todos estos pequeños se han de enfrentar aún a un largo y difícil período de aprendizaje de la felicidad.
En primer lugar, la mayoría de ellos llegan en un lamentable estado físico. El doctor ANDRÉ LIBIÓN, PEDIATRA DE BRUSELAS, DICE QUE ¨EL PESO DE LA MAYORÍA DE LOS NIÑOS QUE YO HE EXAMINADO ERA ENTRE UN VEINTE Y UN VEINTICINCO POR CIENTO INFERIOR AL NORMAL¨. Debido a su mala alimentación y que ni siquiera es abundante_, padecen todos trastornos digestivos y síntomas de RAQUITISMO: estómagos hinchados, costillas deformadas, apreciable grosor de los huesos de la muñeca.
El día de Navidad, veinticuatro horas después de su llegada de Seúl, LEILA, de tres años de edad, fue llevada presurosamente a un hospital con una seria dolencia intestinal.
¨Tuvimos que obligarla a quedarse en el hospital Saint-Pierre¨, nos dice Louise Opdebeech. ¨Se aferraba a mí con toda su fuerza. Jamás olvidaré la mirada que tenía en los ojos; decía con más claridad que con cualquier palabra; ´¡También tú me abandonas!´´´
LEILA pasó tres semanas en el hospital. Todos los días sin falta, la hora del almuerzo la pasaba Pierre Opdebeeck a los pies de su cama; cuando tenía que marcharse era relevado por su esposa, que se quedaba en el hospital hasta las ocho de la noche. Durante las dos semanas siguientes de convalecencia en casa, no dejaron sola a la niña un instante. Con esta clase de vigilancia y amor, todas las familias que han adoptado niños de ¨Terre des Hommes¨ han conseguido devolverles la salud en el término de un año después de su llegada.
Labor aún más ardua, sin embargo, es hacerle olvidar la conmoción psicológica y la impresión de falta de cariño, que son el fruto que estos huérfanos han sacado de la miseria y la guerra. En el hogar de los R., JAIPAL, niño indio de cuatro años, se negaba a dormir solo. Sin rabietas, sin llantinas; únicamente ofrecía una suave y resignada resistencia. Se levantaba silenciosamente en medio de la noche y se deslizaba como una sombra en la alcoba de sus nuevos padres. Allí se acurrucaba al pie de la cama como un animalito. Una, dos, diez veces, su madre lo cogía tiernamente en brazos, meciéndole amorosamente hasta que se dormía y volvía a ponerlo en la cuna. Se necesitaron meses de inagotable perseverancia, de caricias para librar a Jaipal de su terror a la noche.
Los padres que adoptan niños de otra raza encuentran un problema particularmente delicado; ¿deben ocultar a estas criaturas ¨la verdad¨ de por qué, a diferencia de la mayoría de los niños adoptados, son físicamente distintos de sus padres? Para evitar que sus niños sufran irremediablemente el daño de revelaciones repentinas e inesperadas, todos los padres de ¨Terre des Hommes¨ les ha dicho la verdad con las más tiernas y dulces palabras que eran capaces de pronunciar. Y esa verdad siempre ha sido bien recibida. ¨Precisamente por lo bueno que yo era es por lo que mamá me escogió¨, dice NGUYEN, de seis años, que incluso aprovecha esto como pretexto para imponerse a sus hermanos mayores. MI-HEE, de siete años, anuncia frecuentemente a su madre el delicioso compendio que ella misma se ha hecho de su situación, diciendo; ¨¿YO? ¡Yo no he nacido en ningún hospital! Salí de tu barriga en Zaventem¨.
Todos estos esfuerzos y paciencia han producido un abundante fruto. Viajando por Bélgica, he podido calibrar cuán grande es la misión de salvamento realizada por docenas de familias, que están mostrando generosidad que debiera servir de ejemplo para todas las naciones ricas del mundo.
Siempre que he expresado mi admiración por ellas, me conmovió la similitud de las respuestas. Porque todos creen que han recibido infinitamente más de lo que han dado.

POR VIRGINIE HENBY

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