lunes, 15 de diciembre de 2014

¿ DÓNDE ESTÁN LOS PADRES ?

Según los sociólogos, la ausencia del padre
del hogar y su falta de comunicación con los hijos
es causa de muchos de los problemas de nuestra sociedad.




Tener hijos resulta relativamente fácil; ser padre es otra tarea mucho más difícil. Pregúnteselo a estos padres. Ellos lo saben.

Manuel Camino *, joven administrativo de una importante compañía aérea, se levanta diariamente a las siete de la mañana, cuando sus dos hijas duermen aún. Tarda media hora en llegar a su oficina, y vuelve a casa a las tres y media de la tarde, hora en que las chiquillas están ya en el colegio. Como su sueldo es insuficiente para cubrir gastos tales como vivienda, plazos del coche y educación de la niñas, Manuel se ha visto obligado a trabajar por las tardes como secretario de un abogado. Acaba su tarea a las ocho y media de la noche, y muchas veces, cuando hay asuntos de urgencia pendientes, no regresa al hogar hasta las diez y media. Lo más que puede hacer a diario, para cumplir sus obligaciones paternas, es depositar un silencioso beso sobre la frente de sus hijas ya dormidas. ¿ Y los domingos ? Muchas veces, Manuel se lleva trabajo a casa y se pasa el día encerrado en una habitación escribiendo a máquina. Cuando no tiene nada que hacer, está tan cansado por la tarea cotidiana que duerme durante toda la mañana. Sus hijas disfrutan de su compañía durante una tarde a la semana.
Como tantos miles de españoles que sufren las consecuencias del Pluriempleo. Manuel es un ¨ padre invisible ¨.
Alfonso Gárate, padre de cinco niños entre los cuatro y los doce años, es ingeniero industrial y trabaja en una refinería de petróleo. Periódicamente se le traslada a otra ciudad, ya que la empresa está en expansión y construye nuevas plantas de refino que requieren la presencia de los técnicos capacitados. Estos traslados añaden méritos al expediente profesional de Alfonso, pero sus hijos se encuentran completamente desarraigados y tienen que cambiar de colegio cada tres o cuatro años. Por supuesto, Alfonso podría buscar otro empleo que le permitiera establecerse permanentemente en alguna localidad, pero le gusta su actual trabajo piensa que en él conseguirá una promoción más rápida que en otros puestos.
Como otros muchos españoles, Alfonso Gárate subordina sus responsabilidades familiares a su carrera.
Pedro Llorente, padre de ocho hijos, trabaja en una fábrica de maquinaria alemana. Al no poder encontrar en España un puesto de trabajo que le permitiese sacar adelante a su familia, marchó a Munich, y desde allí envía todos los meses a su mujer la mayor parte de sus ingresos. Con ese dinero se están comprando un piso y pagan los estudios de los chicos. Pedro piensa que, dentro de cinco años, habrá conseguido ahorrar un poco de dinero y podrá volver a España para montar su propio taller mecánico con algunos compañeros. Mientras tanto, sólo ve a sus hijos durante el mes de vacaciones que le concede anualmente su empresa.
Actualmente, más de un millón de españoles trabajan en otros países de Europa. Muchos de ellos son padres. ¿ Quién cuida a sus hijos ? Casi siempre la madre.
Antonio Nogales, padre de tres hijos menores de cinco años, es un obrero no cualificado que sólo consigue empleos eventuales. Debido a su falta de preparación y a una leve cojera que le hace rendir menos que sus compañeros, nunca llega a tener un trabajo fijo, y muchas veces está en paro. Actualmente, lleva dos meses desempleado. Para aliviar la situación de la familia, su mujer trabaja como asistenta por horas, por lo que se ve obligada a dejar los niños con una vecina. Antonio sintiéndose inútil, vagabundea por el barrio y mata el tiempo en las tabernas, esperando que algún conocido le invite a una copa. A veces pasa varios días sin aparecer por su casa, para evitar la mirada cansada y llena de reproches de su mujer.
Según el anuario estadístico de 1973, se registraron en España durante 1972 más de 160.000 parados, muchos de los cuales serán hombres casados y con hijos. Pero si por no tener empleo no pueden mantener a su familia, no están en condiciones de actuar como padres.
El padre lleva camino de convertirse en el hombre olvidado de nuestra sociedad.
Una oportunidad para colaborar. Los sociólogos y psicólogos, que han realizado centenares de estudios sobre las madres, su función y estatus en nuestra sociedad, han ignorado prácticamente la figura del padre. Hoy día, sin embargo, se empieza a poner de manifiesto la importancia de éste. ¨ El papel del padre es fundamental en la familia , principalmente en lo que respecta a la educación de los hijos ¨, afirma don Manuel María Boto Escamilla, director del Departamento de Promoción y Orientación de la Delegación Nacional de la Familia. ¨ Su importancia resulta aún mayor durante la infancia de los hijos, época en que su influencia no es menor que la de la madre. Su presencia física contribuye a aclarar a los hijos la diferencia existente entre los sexos, y es imprescindible que comparta con la madre el planteamiento y aclaración de los problemas sexuales que les vayan surgiendo a los chicos ¨.
Muchos psicólogos han comprobado que los niños privados de padre tienden a tener mayores problemas en sus relaciones con el sexo opuesto, debido a la carencia de una sana orientación en tal terreno. Los estudios sobre la homosexualidad revelan una gran incidencia de casos en los que se da la ausencia o falta del padre.
La no existencia de una paternidad adecuada puede afectar también al aprovechamiento escolar de los hijos. Según doña Clementina Pérez Ferro, maestra y asistente social, existe una relación clarísima entre el grado de comunicación padres-hijos y los progresos académicos de estos últimos. ¨ Los niños que tienen contacto diario y prolongado con sus padres obtienen unas calificaciones mucho mejores que aquellas que carecen de la presencia paterna. Creo que este fenómeno se debe al estímulo y a la seguridad que le proporcionan al chico/a el hecho de vivir en un hogar equilibrado ¨.
Una ausencia peligrosa. La familia cumple la tarea de socializar al niño, enseñándole los valores de la sociedad y las reglas del juego comunitario. ¨ En mis relaciones con los niños, he comprobado que los que están privados de la presencia del padre presentan un comportamiento social muy específico. Estos niños suelen ser inadaptados, con muchos problemas en su desenvolvimiento social y con probabilidades de llegar hasta la delincuencia juvenil ¨, afirma doña Clementina Pérez Ferro.
Ante esta evidencia, muchos sociólogos están empezando a decirnos que la ausencia de la autoridad paterna es causa de muchos de nuestros problemas sociales, tales como la delincuencia juvenil, el conflicto generacional y la rebeldía de los jóvenes. Algunos incluso afirman que la ausencia del padre produce quiebra en el proceso de la formación y socialización de los seres humanos. ¨ Hay que salvar los principios básicos de la convivencia familiar, y una forma de llegar a este fin es restaurar la figura del Padre ¨, dice el señor Boto Escamilla.
La autoridad del Padre en la familia española ha declinado. Según un profesor de sociología de la Universidad de Madrid, esto se debe a las presiones que la nueva sociedad ejerce sobre él. Las presiones sobre el varón español empiezan en la infancia, cuando se espera más de él que de su hermana; continúan en la escuela y en la universidad, y alcanzan su cota máxima cuando éste llega a la edad adulta. Prueba de ello es que, al empezar el siglo, la expectativa de vida del hombre medio era inferior en un año y once meses a la de la mujer media. Hoy, el hombre medio muere cinco años y cuatro meses antes que la mujer.
Las Madres asumen el mando. Mientras el padre se agota a sí mismo para salir adelante y triunfar en su trabajo, la autoridad familiar recae sobre La Madre. Es ella quien debe civilizar a los pequeños salvajes; quien insiste en que se acuesten a su hora y se levanten a tiempo para coger el autocar del colegio; quien consigue que recojan sus cosas, que ayuden a poner la mesa y vivan en relativa paz. Y es la Madre quien habla con los profesores, acude a las reuniones de padres de alumnos y pide hora al doctor.
El hecho de que el padre haya delegado en la mujer la autoridad doméstica no hace más que privar a sus hijos de la influencia masculina que necesitan para su educación. Sus preocupaciones laborales o sociales pueden ser interpretadas por los niños como indiferencia hacia ellos, y provocarles una infelicidad que les llevará a la rebelión.
Lo que necesita la familia española, dice doña Clementina Pérez Ferro, no es el padre lejano y temido, sino un padre abierto, comprensivo y propicio al diálogo. Y, desde luego, un padre que asuma personalmente sus deberes paternales y que no los abdique ante las primeras presiones de la sociedad.
¿ Cómo podemos volver a introducir a los padres en la vida de sus hijos ? Bien, para empezar, el padre puede tratar de hacerlo por sí mismo.
Por ejemplo, José Luis Francas, joven periodista cuyo trabajo le mantiene ocupado a veces hasta altas horas de la noche e incluso en días festivos, ha conseguido ser un padre visible. Hasta hace poco, sus dos hijos, de cinco y siete años, almorzaban en el colegio. Pero José Luis, comprendiendo que apenas los veía, pasa ahora casi todos los días a recogerlos y se los lleva a casa a comer con él y con su mujer. Cuando no tiene tiempo para ello, pide a su esposa que vaya por la tarde a hacerle alguna visita al periódico con los niños, deja entonces su trabajo un rato, y los cuatro meriendan juntos en una cafetería cercana .Puede parecer poca cosa, pero es suficiente para que sus hijos se sientan queridos y próximos a él.
Los estudios demuestran que no sólo es la cantidad de tiempo que los padres pasan en casa lo que verdaderamente cuenta. Importa también la calidad de su relación con los niños.
La creciente incorporación de la mujer al trabajo, que está transformando por completo los esquemas familiares tradicionales, supone un importante impulso en la tarea de devolver el padre al hogar. Durante siglos, las funciones se han repartido de forma que el padre mantenía a la familia con su trabajo, y la madre se ocupaba de los niños y de las tareas domésticas. Pero, en la actualidad, cada año se incorpora un número mayor de mujeres a la vida laboral española. Estas mujeres exigen que, puesto que los dos cónyuges realizan una actividad laboral, ambos deben compartir por igual los deberes paterno-familiares.
Empresas y fábricas, más que cualquier otra institución de nuestra sociedad, determinan el modo de vida de la familia española, y, por tanto, tienen la oportunidad de determinar su futuro. Por supuesto, los empresarios no pueden ser culpados de todos los problemas de nuestra sociedad. El individuo tiene sus propios fines por los que luchar. Sin embargo, los empresarios pueden hacer algunas cosas para ayudar a los hombres a ser padres.
Doña Clementina Pérez Ferro sugiere, por ejemplo, que las compañías deberían implantar más jornadas laborales intensivas, bien retribuidas, que permitiesen a los padres pasar más tiempo con sus hijos. Otra meta importante es la consecución de la semana laboral de cinco días, que daría un amplio margen para el descanso y la vida de familia. También señala la necesidad de que la vida laboral y la escolar estén más acordes entre sí, para que no se produzcan esas diferencias de horarios entre padres e hijos.
Como afirma el señor Boto, ¨ sólo mediante la correcta ordenación de los factores socioeconómicos se puede llegar a conseguir una vida familiar más sana, profunda y de mayor calidad ¨.
Es evidente que el padre español tiene que volver a ocupar su sitio en el hogar .El futuro de nuestra sociedad entera depende de ello.

POR MONTSERRAT FERNÁNDEZ MONTES.


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