lunes, 17 de noviembre de 2014

OTOÑO.


 SIEMPRE RECORDARÉ el otoño como esa época en la que anhelaba que llegara el fin de semana para ir al pueblo y poder disfrutar de ese aroma inconfundible y tan especial que dejan sobre la tierra las hojas caídas de los árboles después de llover sobre ellas. Cómo podría olvidar los caminos, antes secos y ahora cubiertos de una alfombra de hojarasca, los prados que habían olido a semillas maduras y en otoño desprendían el suave aroma de la tierra húmeda. Y cómo no añorar las mañanas de los sábados, con el otoño ya avanzado, cuando salíamos a recoger los frutos maduros que los viejos castaños nos regalaban a manos llenas y que compartíamos sin saberlo entonces con aquellas pequeñas ardillas que, de cuando en cuando,acertábamos a vislumbrar trepando hasta las copas de los grandes árboles. Luego, ya en casa de mi abuela, ella encendía su cocina con palos secos y un poco de carbón, y allí asábamos las castañas haciendo lo que en mi tierra se llama el " amagüestu ".
  Yo era una niña, y la verdad es que gozaba de la salud que todos los jóvenes tienen: por eso, para mí el otoño era tiempo de gozo, como casi todo el resto del año. Sin embargo, muchas personas sufren con el cambio otoñal el agravamiento de algunas dolencias e incluso la aparición de otras propias de la estación. Como siempre, mi abuela conocía muchos remedios para paliar estas enfermedades o recaídas, y por tanto para poder disfrutar del otoño con más salud.

APATÍA

  En ocasiones, durante la época otoñal, algunas personas sufren una apatía general que no puede achacarse a ninguna circunstancia concreta. Esta desgana y falta de motivación se diferencia de la depresión primaveral en que la apatía no va acompañada de trastornos nerviosos de importancia; se trata, sencillamente, de un ¨bajón ¨en nuestro metabolismo, que en las personas sensibles reacciona al otoño como lo hacen muchos animales y la mayor parte de los árboles y plantas. No olvidemos que nosotros, además de trabajadores incansables y seres racionales cargados de responsabilidades y preocupaciones, somos también naturaleza.

  Este trastorno, que generalmente no implica ninguna gravedad, remite con éxito si somos constantes en la toma diaria de la bebida que conseguiremos con la siguiente receta;

  •   3/4 de litro de agua.
  •  30 gramos de avena ( mejor en copos ).
  •  Dos cucharadas de hierba mate ( a la venta en las buenas tiendas de tés y cafés ).
  •  Dos cucharadas de miel natural.
  Pondremos a cocer a fuego lento en el agua la avena y la hierba mate durante 20 minutos. A continuación colaremos y en el líquido obtenido añadiremos la miel. Beberemos esta agua a lo largo del día, en dos o tres tazas, durante el tiempo que sea necesario, ya que se trata, además de un estupendo reconstituyente y estimulante, un buen alimento.
 
ANA FDEZ. MAGDALENA. 

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