lunes, 17 de noviembre de 2014

¨ INTRODUCCIÓN ´, LAS DOS ANCIANAS TRAS EL SOL.


Todos los días, después de cortar leña, nos sentábamos y hablábamos en nuestra pequeña tienda a la orilla de la desembocadura del Porcupine River, cerca del lugar donde este río se une al Yukon. Al final mamá siempre me contaba un cuento, y allí estaba yo, que ya no era ninguna cría, escuchando con atención las historias que mi madre me contaba para dormir. Una noche me contó un cuento que yo no conocía y que hablaba de dos ancianas y de su duro viaje plagado de dificultades..
Lo que le había traído el relato a la mente era una conversación que habíamos tenido cuando recogíamos leña para el invierno codo con codo. Nos sentamos en nuestros lechos, asombrados de que mamá, que ya pasaba de los cincuenta, pudiera seguir haciendo aquella dura tarea mientras casi todos los de su generación hacía mucho que se habían resignado a la vejez y a sus limitaciones. Le dije que quería ser como ella cuando fuera mayor.
Empezamos a recordar cómo eran las cosas antes. Mi abuelo y todos los ancianos de aquel entonces trabajaban hasta que ya no podían moverme o morían. Mamá se sentía orgullosa de no aceptar las limitaciones de la vejez y de que aún pudiera recoger la leña para el invierno a pesar de que el trabajo exigía un gran esfuerzo físico, algunas veces llevado hasta el límite. Durante nuestras conversaciones, mamá recordó esta historia en particular porque tenía relación con lo que pensábamos y sentíamos en aquel momento.
Más tarde, en nuestra cabaña de invierno, escribí lo que ella me había contado. Me impresionó no sólo porque me enseñó una lección que podía serme útil en la vida, sino también porque trataba de mi gente y de mi pasado, algo a lo que podía aferrarme y llamar mío.Los cuentos son regalos de una persona mayor a otra joven. Por desgracia,, este regalo no es algo que se dé o se reciba con frecuencia hoy en día porque muchos de nuestros jóvenes están demasiado ocupados con la televisión y el ritmo frenético de la vida moderna. Quizá en el futuro algunos de la generación actual que sean lo suficientemente sensibles como para haber prestado oídos a la sabiduría de sus mayores conservarán esta historias tradicionales en su memoria. A lo mejor, la generación del mañana añorará relatos como éste que les ayuden a comprender mejor su pasado y su gente, y espero que también a sí mismos.
A veces ocurre que las historias sobre una cultura, contadas por alguien ajeno a ella, se malinterpretan. Eso es muy grave, porque una vez impresos, algunos relatos son fácilmente aceptados como reales, pero pueden no serlo.
Este cuento de las dos ancianas se remonta a un tiempo lejano, muy anterior a la llegada de la cultura occidental, y se ha transmitido de generación en generación, de una persona a otra, hasta llegar a mi madre y luego a mí. Aunque he recurrido a mi imaginación para recrearla, ésta es de hecho la historia que me contaron y lo esencial de ella permanece de la misma forma en que mi madre quiso transmitírmela.
La historia me enseñó que no debemos poner límite a nuestra propia capacidad, y mucho menos por motivo de la edad, para realizar en la vida nuestro cometido. Dentro de cada individuo, en este mundo inmenso y complejo, late un increíble potencial de grandeza. Sin embargo raramente esos dones ocultos cobran vida, a no ser por un azar del destino

VELMA WALLIS

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