sábado, 4 de octubre de 2014

LA UNIVERSALIDAD DE LAS BUENAS MANERAS.


  Educación, cortesía, urbanidad... son términos que todos conocemos y que no han variado su significado con el paso de los años. La educación es un largo proceso, que comienza al nacer. Se refleja en cada actitud ante la vida, en nuestros gestos, en nuestra forma de hablar, en el tono de voz, en nuestra imagen física, en el respeto a nuestros semejantes... Supone la asunción de lo que llamamos modales, los comportamientos de cada persona que particularizan su personalidad entre el resto, que la distinguen y que reflejan su buena o mala educación.

  El diccionario de la Real Academia Española define urbanidad como " cortesanía, comedimento, atención y buen modo " y, en este sentido, el significado práctico del término ha ido perdiendo importancia con el paso del tiempo. Hace algunos años, en las escuelas, los profesores impartían a los niños una asignatura llamada urbanidad, en la que se les enseñaba cosas como la manera de sentarse o levantarse, tratar a los demás, utilizar los cubiertos en la mesa... las mínimas reglas básicas de educación. Esta asignatura se eliminó de los planes  de estudio para que se abrieran paso otras materias, más útiles y de moda en los tiempos que corren. Ahora, en los colegios e institutos de secundaria se aprende informática, idiomas extranjeros, nuevas tecnologías, etc., y se obvia una materia imprescindible, necesaria para andar por la vida: la educación.

  Para convivir con el resto de los de nuestra especie hay que respetar una serie de reglas, normas que se incumplen en demasiadas ocasiones por pequeños, mayores y por miembros de todas las esferas sociales. Pautas sociales tan básicas como pedir las cosas por favor y dar las gracias, dar prioridad a las personas de mayor edad o no abusar de las palabras malsonantes se dejan al lado. Sin embargo, los modales nos distinguen y posicionan como personas.

  La cortesía y el saber estar se llevan allí donde uno va; en el hogar ( con la familia ), en la escuela, en el trabajo o en las relaciones de negocios. La persona que carece de estas virtudes, que ni siquiera las tiene en cuenta ni las da la importancia que realmente merecen, no es apta para convivir en armonía.

  La educación no puede ser una pose y debe surgir de manera espontánea, como un modo de ser inherente a cada persona. Debe ser un ejercicio diario, desde los primeros años de vida, una condición que se adquiere o no, que se aprende a tiempo o se convierte en una carencia difícil de cubrir.

  En 1853, Manuel Antonio Carreño publicó el llamado Manual de urbanidad y buenas maneras, libro que llegó a ser un referente en Venezuela, en Sudamérica y en el resto del mundo. Desde entonces ha pasado siglo y medio, pero el texto de sobra podría valer para reflejar los comportamientos que la sociedad debe tener en cuenta para ser una sociedad " educada " . Con este libro el autor no pretende crear doctrinas sobre una cuestión que se hereda de generación en generación y que hay que aprender con la práctica de la vida.

  Este libro es tan sólo un resumen de esos pequeños detalles que debemos tener en cuenta para que la convivencia sea posible. A lo largo de sus capítulos hemos intentado recopilar unas mínimas pautas de comportamiento, aplicables a cada uno de los contextos o situaciones a los que tengamos que enfrentarnos. Nos hemos atrevido a responder algunas preguntas habituales en sociedad, a solucionar los posibles conflictos para salir airosos de cada trance pero, sobre todo, para distinguirnos por ser personas educadas. No son reglas estrictas ni inflexibles, son mínimas normas sociales que nos permitirán establecer relaciones cordiales y respetuosas. Consideramos que la educación es la única vía para conseguir el respeto mutuo entre todos los humanos.

  No es nuestra intención que ningún lector de este libro pueda sentirse ofendido por lo que contienen sus páginas. Tampoco aludimos a nadie en concreto. Tan solo recogemos unas directrices, que no hay que tomarse al pie de la letra. Si hemos cometido algún error, pedimos perdón de antemano. Habrá sido, sin duda, con nuestros mejores intenciones.

Arantxa G. de Castro. 

 

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