domingo, 19 de octubre de 2014

EL MUNDO ES DE QUIÉN PUEDE VER A TRAVÉS DE SUS APARIENCIAS.


   La sordera, la completa ceguera, el gran error que contempláis existen únicamente gracias a la tolerancia, a vuestra propia tolerancia. Si os dáis cuenta de que se trata de una mentira le habréis dado ya un golpe mortal.

   El alma oye siempre en estrofas un mensaje, cualquiera que sea el tema. El sentimiento que derraman vale más que el pensamiento que puedan contener. Creer en vuestro propio pensamiento; creer que lo que es verdadero para uno en la intimidad del corazón es verdadero para todos los hombres: eso es el genio. Expresad vuestra convicción latente, será a su tiempo el sentir universal; ya que lo más íntimo llega a ser lo más externo; y nuestro primer pensamiento nos es devuelto por las trompetas del Juicio Final.
   Por familiar que sea para cada uno la voz del espíritu, el mayor mérito que concedemos a Moisés, Platón y Mil ton, es que reducen a la nada libros y tradiciones, y no dicen lo que los hombres pensaron, sino lo que han pensado ellos. El hombre debería observar, más que el esplendor del firmamento de bardos y sabios, ese rayo de luz que atraviesa su alma desde dentro. Sin embargo, rechaza su pensamiento precisamente porque es suyo.
   En cada obra del genio reconocemos nuestros propios pensamientos rechazados; vuelven a nosotros con cierta majestad prestada. Las grandes obras de arte poseen una lección más interesante que ésta. Nos enseñan a preservar con amable inflexibilidad en nuestras impresiones espontáneas, sobre todo cuando las voces están del otro lado. Tal vez dirá mañana un desconocido, con seguro buen sentido, lo que ya habíamos pensado, y nos veremos obligados a recibir de otro, avergonzados, nuestra propia opinión.
   Hay un momento en la formación de todo hombre en que llega a:

   La convicción de que la envidia es ignorancia; y la imitación un suicidio

que tiene que tomarse a sí mismo, bueno o malo, como parte propia. Que, aunque el ancho mundo esté lleno de oro, no le llegará ni un grano de trigo por otro conducto que no sea el del trabajo que dedique al trozo de terreno que le ha tocado en suerte cultivar. El poder que reside en él es nuevo en la naturaleza, y

   Nadie más que él sabe lo que puede hacer, ni lo sabe hasta que lo ha probado

por algo un rostro, un carácter, un hecho, le causan una honda impresión, y otros no le producen ninguna. No se comprende el que sin una armonía preestablecida se grave esto en la memoria. El ojo fue colocado donde debia caer un rayo de luz con el fin de dar testimonio de ese rayo. No nos expresamos sino a medias, y nos sentimos avergonzados de esa idea divina que cada uno de nosotros representa. Podemos confiar en ella con seguridad, por ser proporcionada y de buen resultado, por ello debe de ser manifestada fielmente, pues Dios no desea que su obra sea revelada por cobardes.
   Un hombre se queda tranquilo y contento cuando ha puesto el corazón en su obra y ha hecho todo lo que ha podido; pero lo que ha hecho o dicho de otro modo no le dará sosiego. Es una liberación que no libera. En el intento, su genio le abandona ninguna musa le conforta. Ninguna invención, ninguna esperanza.


RALPH W. EMERSON

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