martes, 16 de septiembre de 2014

SOLEDADES (1899 - 1907 )


I

EL VIAJERO

  Está en la sala familiar, sombría,
y entre nosotros, el querido hermano
que en el sueño infantil de un claro día
vimos partir hacia un país lejano.
  Hoy tiene ya las sienes plateadas,
un gris mechón sobre la angosta frente:
y la fria inquietud de sus miradas
revela un alma casi toda ausente.
  Deshójandose las copas otoñales
del parque mustio y viejo.
La tarde, tras los húmedos cristales,
se pinta, y en el fondo del espejo.
 El rostro del hermano se ilumina
suavemente. ¿ Floridos desengaños
dorados por la tarde que declina ?
Ansias de vida nueva en nuevos años ?
  ¿ Lamentará la juventud perdida ?
Lejos quedó - la pobre loba - muerta.
  ¿ La blanca juventud nunca vivida
teme, que ha de cantar ante su puerta ?
  ¿ Sonríe al sol de oro
de la tierra de un sueño no encontrada:
y ve su nave hender el mar sonoro,
de viento y luz la blanca vela hinchada ?
  El ha visto las hojas otoñales,
amarillas, rodar, las olorosas
ramas del eucalipto, los rosales
que enseñan otra vez sus blancas rosas...
  Y este dolor que añora o desconfía
el temblor de una lágrima reprime,
  Serio retrato en la pared clarea
todavía. Nosotros divagasmos.
En la tristeza del hogar golpea
el tictac del reloj. Todos callamos.


Antonio Machado.

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