martes, 16 de septiembre de 2014

EL CIRCO.


  Qué mejor parte de la vida de un buen hombre que

sus pequeños, anónimos y olvidados actos de bondad

y de amor.

William Wordsworth.

  
Una vez, siendo yo adolescente, mi padre y yo hacíamos cola para comprar entradas para el circo. Por fin, sólo quedaba una familia entre nosotros y la taquilla. Esa familia me causó una gran impresión. Había ocho niños, probablemente todos menores de 12 años. Se diría que no tenían mucho dinero. Sus ropas no eran caras, pero iban aseados. Los niños eran formalitos, todos ellos guardaban cola por parejas detrás de sus padres, cogidos de la mano. Charlaban con entusiasmo sobre los payasos, los elefantes y las demás atracciones que iban a ver esa noche. Era de suponer que no habían ido nunca al circo. Prometía ser un momento culminante en sus jóvenes vidas.

  El padre y la madre encabezaban la comitiva, asumiendo su porte más distinguido. La madre tomaba la mano de su marido, mirándole como diciendo: " Tú eres mi caballero con reluciente armadura ". Él sonreía satisfecho, mirándola como respondiendo: " Tú lo has dicho ".

  La taquillera preguntó al padre cuántas entradas quería. Él contestó orgullosamente:
  -Por favor, déme ocho entradas infantiles y dos de adulto para llevar a mi familia al circo.
  La taquillera anunció el precio.
  La esposa del hombre le soltó la mano y bajó la cabeza. El labio del hombre empezó a temblar. Él padre se acercó un poco más y preguntó:
  -¿ Cuánto ha dicho ?
  La taquillera repitió el precio.
  El hombre no llevaba suficiente dinero.
  ¿ Cómo podía volverse y decir a sus ocho hijos que no tenía suficiente dinero para llevarles al circo?
  Al ver lo que sucedía, mi padre se metió la mano en el bolsillo, sacó un billete de 20 dólares y lo dejó caer al suelo. ( No éramos ricos ni mucho menos.) Mi padre se agachó, recogió el billete, dio unos golpecitos al hombre en el hombro y dijo:
  -Disculpe, señor, se le ha caído esto del bolsillo.
  El hombre comprendió lo que estaba ocurriendo. No pedía ninguna limosna, pero sin duda agradecía la ayuda en una situación desesperada, desgarradora y violenta. Miró a mi padre directamente a los ojos, le tomó la mano entre las suyas,apretó con fuerza el billete de 20 dólares y, con labios temblorosos y una lágrima bajando por su mejilla, replicó:
  -Gracias, muchas gracias, señor. Esto significa mucho para mí y para mi familia.
  Mi padre y yo volvimos al coche y regresamos a casa. Esa noche no fuimos al circo, pero no lo lamentamos.

Dan Clark.
  

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