martes, 16 de septiembre de 2014

¿ CÓMO ME SIENTO ?


  Para  evitar una posible confusión aclaremos que en este capítulo no vamos a hablar de sentimientos, sino de la manera, correcta o incorrecta, en la que tomamos asiento. Conviene establecer, antes que nada, la sutil diferencia entre tomar asiento o sentarse y dejarse caer, lanzarse, abordar, aterrizar en la silla, sillón o cualquier otro lugar. Qué sencillo parece el simple acto de pararse en el camino o en el salón del hogar para sentarse y qué difícil, sin embargo, resulta a veces hacerlo  con educación y elegancia. Porque a la hora de sentarse uno puede hacerlo manteniendo las formas y la compostura, tras una leve flexión de piernas, con la espalda erguida, ligeramente apoyada en el respaldo de la silla, sillón, sofá o del banco del parque público. Pero también, como decíamos anteriormente, el acto de sentarse puede convertirse en la intención de dejarse caer en el asiento, sin poner cuidado en ninguno de estos factores.

  Tras esta aclaración, lancemos un mensaje a las féminas, ya que somos las que nos ponemos faldas. La mujer debe sentarse con las piernas juntas, la espalda erguida y apoyada en el respaldo o con las piernas cruzadas. En ningún caso deberá hacerlo dejando las piernas abiertas y estiradas sobre el suelo, como si pretendiera echar una cabezadita en el sillón. Si adopta esta postura y deja las piernas estiradas y entreabiertas, es muy posible que, sin entender muy bien la razón, vea de pronto a su alrededor todo un séquito de caballeros pendientes de sus atenciones. La razón de esta aglomeración de señores a su alrededor será poder ver de cerca el bonito panorama que va a ofrecer con su manera de sentarse.

  En el caso de que se lleve pantalón, y el consejo es válido para hombres y mujeres, lo adecuado es subirse el pantalón de tal manera que no tire a la altura de las rodillas y no arrastre por el suelo, si es de largura considerable. Tampoco se trata de remangarse el pantalón dejando a la vista el final de los calcetines o medias, tan sólo hace falta subirlo un poquito para que la posición resulte cómoda y permita movilidad.

  En caso de que llevemos un abrigo o prenda de similar función, también larga, será conveniente que nos lo quitemos y lo doblemos sobre nuestras rodillas. No es elegante levantar la parte trasera del 
abrigo para sentarse y dejarlo colgado por detrás del respaldo.

  Las sillas, taburetes, sillones, etc., no se arrastran por el suelo. Si lo hacemos no resultará extraño que el dueño de la casa donde nos encontrábamos nos remita la factura del ebanista que ha pulido el parqué. Si una vez sentados necesitamos coger algo o desplazarnos por la habitación, será conveniente que nos levantemos del asiento para alcanzarlo, y no que estiremos el brazo hasta sentir dolor o que usemos el asiento como medio de transporte. Por supuesto tampoco utilizaremos la butaca de balancín, ni levantaremos las patas traseras o delanteras en un balanceo propio de los caballos de feria. Además, los pies no se ponen en la silla, ni hay que sentarse sobre las piernas cruzadas al estilo budista. Tampoco es educado sentarse en la silla o sillón de tal manera que nuestros pies y piernas lleguen a la mesa para poder apoyarlos.

  La posición de las manos y brazos, na vez sentados, también es importante. Lo adecuado es que descansen sobre el regazo o se apoyen en los brazos del asiento. Queda prohibido, en honor a la educación, cruzar los brazos por detrás de la nuca o estirarlos para desperezarse. Si tomamos asiento en un amplio sofá, ocuparemos nuestra plaza y no la del vecino, y no estiraremos nuestros brazos rodeando el respaldo de la plaza siguiente.

  Al levantarnos del asiento lo haremos con tranquilidad, sin arrastrarlo. Se trata de que la silla se encuentre ubicada en un sitio cuando la abandonemos, no diez metros más lejos. Si debemos moverla, procuraremos levantarla cuidadosamente sin hacer ruido ni rayar el suelo y, posteriormente, con el mismo cuidado, la devolveremos a la posición original.


Arantxa G. de Castro.

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