domingo, 14 de septiembre de 2014

ÁBREME LA PUERTA MADRE.


  Un Corazón con puertas abiertas es parcela colmada de mies a punto de recoger. Un Corazón con puertas cerradas es desierto agotador de cosechas. Ábreme la puerta Madre, que en la calle hay soledad, y si la puerta no se abre no existe fraternidad. En aquel pequeño pueblo de mi infancia jamás se cerraban las puertas. Por eso no tenía vivienda la soledad. Cualquier hora era buena para pedir a la vecina la levadura para amasar o el pozal para regar el portal.
 
  Otra época es la de nuestros días, en la que hemos cerrado las puertas con cincuenta cerrojos. Nos hemos refugiado detrás de esas puertas blindadas y uno tiene la sensación de que la cultura de puertas cerradas va enterrando el gozo de fraternizar. Nacen los Fanatismos, proliferan las sectas encerradas en sí mismas, hay brotes de Xenofobia y Racismo. La política de partidos nos ha enseñado que las puertas se abren para unos y se cierran para otros.
 
  No soy ciego a este tiempo de progreso, pero cada vez que una puerta se cierra, una luz se apaga en el Mundo. He mirado el fiel de la balanza al sopesar el corazón del hombre y han visto mis ojos que muchas luces se están Apagando.


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