viernes, 5 de septiembre de 2014

A PROPÓSITO DE ESTE LIBRO.

   
   La vida es corta.
Para muchas personas,
está llena de problemas.
La mayoría de los seres humanos
carecen de una vida auténtica.
   Es importante que sepamos
festejarla y protegerla,
y luchar contra la muerte
y el sufrimiento.

Cada día, millones de personas se ven involucradas en confrontaciones que conlleva hambre y violencia. Diariamente vemos estas realidades en el televisor, y las encontramos terribles, inauditas e incomprensibles. No obstante, nada cambia. Continúan los crímenes y la guerras; el dolor y el sometimiento no cesan.

Con frecuencia nos alarmamos no sólo porque tres condiciones previas y fundamentales para la vida, como son el aire, el agua y la tierra, son ensuciadas incesantemente, sino también porque estamos agotando sin consideración alguna los recursos y las reservas naturales que propician la vida. Situación dramática ésta para toda forma de vida sobre el Planeta. No disponemos de otro Arca de Noé.
Y comenzamos a hacernos preguntas; pero preguntas erróneas. Exigimos una política más eficiente, más cárceles, asilos y campos de acogida, más decretos para paliar la pobreza; como si los servicios para la " reparación de seres humanos " consiguieran acaso ocultar la auténtica causa de la que emerge el sufrimiento. Las verdaderas preguntas implícitas en el núcleo del problema, son: ¿ Qué carencias inducen a los seres humanos a buscar consuelo en las drogas ? ¿ Por qué son tan desdichados ? ¿ Por qué padecen tanto ? ¿ Por qué se convierten en asesinos ?

   Al ser humano le falta algo,
algo imposible de adquirir con dinero:
amor, alegría, paz y frutos del espíritu.
   Quien no obtiene amor,
quien no conoce la alegría y carece de paz,
tampoco tiene una vida verdadera.

Nuestro mundo se nos está haciendo pequeño. Se ha convertido en un pueblo, cuyas delimitaciones ahora conocemos. Sabemos cuan sensible y susceptible de ser lastimado es todo cuanto nos rodea. Mucha belleza, vastas dimensiones de la naturaleza; y también mucho amor, se han perdido irreversiblemente debido al afán de poder del ser humano.

A este mundo ya no lo salvarán el intelecto, la técnica o la ciencia; ni siquiera las inacabables conferencias.
El estilo de vida de las sociedades modernas se caracteriza por un ansia animal, que no guarda relación alguna con las auténticas necesidades humanas. El ser humano se halla desarraigando, enemistado consigo mismo y con la naturaleza. Ha perdido su memoria. Ya no sabe de donde viene, ni hacia dónde va. Vive sin sentido, sin perspectiva. Se ha vaciado de si mismo, y no consigue ya disfrutar genuina y verdadera mente.

Apenas tiene noción del día o de la noche, de la tierra o del cielo. Ignora la significación de ser y sentirse ser humano, y nada comprende del amor y de la ternura. El vacío y la oscuridad dominan su fuero interno. Ya no tiene visión de futuro. Y donde no existe perspectiva de futuro, no caben ni sueños ni ideales. Ahí no predomina la alegría de vivir, sino únicamente embrutecimiento y obnubilación.

El materialismo ha penetrado hasta la capa más honda del pensamiento. El pensamiento espiritual es reprimido mediante otros de índole comercial o técnica, a fuerza de afán de poder y consumismo. Nos hallamos ante una devastación anímica, jamás conocida hasta ahora en el transcurso de la Historia. Los seres humanos viven y mueren hoy en día entre asfalto y hormigón. Se acosan todo el día y, al caer la tarde exhaustos, oscilan entre la enajenación y el desequilibrio emocional. Permanecen clavados a sus problemas, continuamente inmersos, sin embargo, en la búsqueda de algo nuevo.

   El mundo en que vivimos
se ha convertido en un desierto espiritual.
Pero con ese mundo no debemos identificarnos.
   Tenemos que transformar ese desierto.
A pesar de que cada cual se sienta imponente,
debe intentar cambiarlo.
Aún podemos empezar todos
con un pequeño oasis.

Necesitamos una nueva primavera, una primavera del espíritu, una primavera del corazón. Debemos renovarnos. Levantémonos de esa sombría noche que es el cansancio de vivir. Alcémonos hacía un mañana lleno de amistad, de sol, de pájaros y de flores. Despertemos de ese sueño invernal que es nuestra desilusionada existencia, y alcémonos hacía un nuevo comienzo, hacía esperanzas nuevas, hacia una vida mejor. Tenemos que motivarnos, para volver a sentir entusiasmo.

¡ Aplaudamos a la vida !
Eso implica:
Aplaudir al cielo y a la tierra,
   a la noche y al día,
al valor de sentirnos seres humanos,
   al corazón y a la alegría,
   a ti y a los otros,
   al amor y a la ternura,
   y a un mundo nuevo.

Phil Bosmans.





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